Ya se ha pasado la tabarra insufrible, el aquelarre del 8-M. Entonces ya podemos pensar y desfacer entuertos.
Primer y principal entuerto a desfacer: No existe el feminismo bueno como no existe el buen machismo.
Segundo: el hombre y la mujer no son iguales. Y la naturaleza es la madre del derecho, así que me atrevo a decir algo mucho más grave: como no son iguales no pueden tener los mismos derechos porque tampoco tienen las mismas obligaciones.
Lo que tienen es una misma dignidad, pero eso no se lo da su condición masculina o femenina sino la condición de que ambos son hijos de Dios.
Y no, hombre y mujer tampoco tienen los mismos derechos. Por ejemplo, la maternidad es más importante para la subsistencia de la raza que la paternidad. Lo que la mujer hace por su bebé, nonato o recién nacido no puede hacerlo un hombre. Por eso la maternidad debería otorgar un derecho a unas prestaciones públicas, por ejemplo un salario maternal, porque aporta a la sociedad mucho más de lo que aporta el hombre.
No somos iguales ni tan siquiera en derechos y obligaciones.
Y como los hechos son tercos, tras casi medio siglo de insoportable queja feminista, ha llegado la reacción. Los jóvenes ya no están dispuestos a admitir esa cadena y a las jóvenes les ha surgido el sentido del ridículo ante tanta necedad feminista.
Así que un feminismo en caída libre, se refugia en el 'No a la guerra'. Pero como ocurre como en toda solemnización de lo obvio, el PP aprovecha para volverse feministo-clásico. O sea, de los que defienden el derecho al aborto pero no tragan con las trans... por propia conveniencia. Pues mire, que se queden como están.
Otrosí, la mujer, axioma del feminismo, jamás ha estado marginada. La que está marginada es la madre.











