La cosa empezó cuando Jaime Botín (en la imagen), propietario de Bankinter y hermano menor de Emilio Botín, escribió un artículo en El País, hablando de la moral católica como moral trasnochada y, a más a más, que diría un catalán, hipócrita. Ahí va la base de la perla botiniana: "No es suficiente decir: 'Me equivoqué'. En una democracia, el sacerdote no administra la absolución de las fechorías cometidas por el pecador arrepentido. En una democracia digna de tal nombre hay que dar cuenta y asumir la responsabilidad. Mucho temo que la moral católica, si Dios no lo remedia, va a acabar no solo con la derecha española, sino con todos nosotros".

'A bodas me convidan', pensó su amigo, Juan Luis Cebrián, rey de la progresía hispana y del desastre empresarial de El País, dos fenómenos diversos que confluyen en el bolsillo del Janli, que no ha hecho más que crecer con ambos fenómenos. Da lo mismo: se trata de un millonario, banquero de éxito, referente social, envidiado por muchos, que arremetía contra los curas donde más les duele: en la cosa de la moral. Y firmando como 'estudiante de filosofía', lo que otorga un pedigrí inconmensurable a don Jaime Botín (buen nombre para un banquero, pero también puede serlo para un moralista de postín).

A renglón seguido, El Mundo y El Confidencial le pusieron como no digan dueñas, pero, en mi opinión en la dirección equivocada: un defraudador fiscal, ahora investigado por la CNMV por mentirle sobre su verdadera participación en Bankinter, no puede dar lecciones de moral, aseguraban los plumíferos. Por último, el lunes 7 de octubre, Botín arremete contra sus críticos, en un nuevo artículo en El País titulado: La moral católica y sus practicantes, al grito del "Y tú más" y al segundo alarido de 'lo veis cómo yo tenía razón: el cristianismo es culpable'.

Pues bien, creo que, tanto los dos diarios como el banquero, desbarran. El cristianismo se distingue de cualquier otro código moral en el arrepentimiento y el perdón, que es, precisamente, la vía por la que usted, don Jaime, está respondiendo a El Mundo y a El Confidencial. Se lo diré de otra forma: su denostada moral católica no es otra cosa que el confesionario, la posibilidad de volver a empezar. Eso es, precisamente, lo que perdió a Lutero y a Calvino: no confiaban en el hombre porque no confiaban en Dios. Así que no les gustaba la confesión.

Y verá usted, señor Botín: al penitente cristiano la cosa no le sale gratis. En la media de lo posible debe reparar la culpa. Si un ladrón confiesa su culpa al confesor, lo primero que le pedirá este es que devuelva lo robado. Como en democracia, don Jaime. La diferencia es que al cura sólo le sirve el arrepentimiento del penitente, mientras al juez le importa un pimiento el arrepentimiento del acusado. En un caso se busca la rehabilitación, en el otro la mera justicia distributiva, que conlleva el castigo.

Por las mismas, las críticas de El Confidencial y de El Mundo no son cristianas. Entre otras cosas, porque a El Confidencial y a El Mundo les importa un bledo el cristianismo. Que don Jaime les ubique como arquetipos de la moral católica puede ser debido a algún tipo de insolación sufrida en su bergantín, en el que tantas temporadas pasa don Jaime.

Lo que vienen a decir los periodistas criticones de don Jaime es lo siguiente: alguien que mintió a la CNMV y al Fisco no pueda dar lecciones de moral.

Un cristiano le diría que sí, sí que puede, si se ha arrepentido, ha subsanado el mal y ha vuelto a empezar. 'Comenzar y recomenzar', la frase que tanto han repetido los santos (el último, que yo recuerde, San Josemaría, el fundador del Opus Dei). Por mor de la caduca moral cristiana, señor Botín, es por la que usted, con todo derecho, puede decirles a El Confidencial y a El Mundo que tiene todo el derecho a hablar.

Ahora bien, tampoco la respuesta de Jaime Botín desde El País es cristiana. Dice el pequeño de los hermanos Botín que sus críticos caen en el "Y tú más", práctica cristiana y, por ende, miserable. Más bien yo diría que es él quien cae en el 'Y yo menos'. Niega don Jaime que haya mentido a la CNMV porque ya avisó a los franceses -sus adversarios en el control de Bankinter- de cual era su verdadero porcentaje de acciones de la entidad. Pero oiga, don Jaime, que no tenía que decírselo al adversario sino, según su muy laica moral democrática, al regulador, a la CNMV, que es la que le acusa de haber mentido.

Segundo: la acusación de fraude fiscal, según Botín, no era tal, sino, según don Jaime, decidió repatriar su dinero a la vista de la crisis económica. Pero hombre, querido banquero, que su familia tenía el dinero fuera desde la postguerra y que, sólo cuando se inicia un proceso judicial contra ustedes, deciden repatriar los fondos con la correspondiente multa -llamada regularización-.

Y por cierto, cumplir el mandamiento laico de pagar impuestos, sean injustos o no, es muy democrático, don Jaime. Usted no pagó voluntariamente lo que debía al Fisco, no hizo lo que el penitente de esa moral caduca, la cristiana, hace cuando se arrepiente y se acoge a la misericordia divina de la que usted se burla: acudir voluntariamente. Usted sólo lo hizo cuando intentaba evitar el escándalo de que una de las familias más ricas de España se sentara en el tribunal acusada de delito fiscal.

En suma, el chollo de los cristianos es que no importa lo que hayas hecho sino lo que estás haciendo: siempre podemos volver a empezar, siempre hay esperanza. Con la moral democrática no hay sino justicia guiada por el agravio comparativo. No necesitas arrepentirte, por tanto, no necesitas cambiar. La ley no es misericordiosa y puede ser cruel. Exige que devuelvas lo robado. ¿Y si no puede devolverlo En cualquier caso, serás castigado. Muy moderno y muy democrático pero yo me quedo con la moral católica.

Eulogio López

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