Para entendernos, Indra participa en programa Tess Defence, de carros de combate, y en el proyecto de avión de combate europeo FCAS (Future Combat Air System). En Tess Defence, y gracias a Pedro Sánchez, -no es broma- Indra desbancó a la norteamericana General Dynamics como líder del proyecto al hacerse con una participación del 51%, frente al 16% de General Dynamics.

Pero las cosas no han sido tan positivas en el proyecto FCAS, donde la voz cantante siempre la han tenido Alemania, con Airbus, y Francia, con Dassault. Hablamos de un proyecto de 100.000 millones de euros, que se dice pronto, y con un horizonte temporal hasta 2040. La parte mollar del caza europeo se la llevarían estas dos compañías, mientras Indra, el tercer socio, se iba a encargar de asuntos menores, aunque no en importancia, como los sensores.

¿Qué ha sucedido? Que Airbus y Dassault no se han puesto de acuerdo en qué partes del avión construía cada una, porque no todos los componentes son igual de importantes y las dos querían la mejor porción del pastel. Así, el lunes, y tras meses de negociaciones, se canceló el proyecto e Indra se quedó colgada de la brocha. Tanto es así que este martes comenzó con una caída del 4% en bolsa, aunque luego recuperó terreno hasta cotizar en verde (0,1%), con un Ibex un 1% arriba.

Lo peor de todo, no obstante, no es la posición en la que queda Indra, sino España. Como hemos mencionado, Airbus es mayoritariamente alemana y Dassault, francesa, y ambas tienen capacidad suficiente para desarrollar un avión de combate propio. España, sin embargo, no tiene esa capacidad y el proyecto FCAS era la alternativa perfecta.

Ahora tendrá que decidir entre el avión que desarrolle Airbus y el que fabrique Dassault. La primera opción y la que tiene más sentido es Airbus, donde España tiene una participación del 4% además de diversas plantas como las de Sevilla y Cádiz.

En definitiva, la cancelación del proyecto FCAS no es una buena noticia, tampoco para la Indra de Ángel Simón.