Sr. Director:
En la noticia que Vds. publican sobre que Zelaya se vuelve violento, desearía añadirle una precisión. Soy español residente en Honduras, y a mí también me resultó original el planteamiento de la Constitución de aquí, que es diferente de la de España.

No es el jefe del Estado, ni el presidente del gobierno (que aquí son la misma persona) quien convoca las elecciones, sino un organismo colegiado autónomo, designado previamente por el Parlamento, que, para mayor confusión (nuestra), se llama Tribunal Supremo Electoral. No es un Tribunal en el sentido judicial de la palabra, al que nosotros podríamos estar acostumbrados, pero es el nombre que tiene. No sería así ni Zelaya ni Micheletti quien convoque unas elecciones, que, por otra parte, estaban ya convocadas desde antes del 28 de junio, y para las que ya están admitidos legalmente los candidatos que se han propuesto, y entre los que no podría estar, con la Constitución vigente en la mano, ninguno de los que hayan sido anteriormente presidentes de la República, aunque lo hayan sido por unos días.

Bien claro lo tiene Micheletti, que ha dicho en todos los tonos que él no puede concurrir y no concurre a las próximas elecciones, ni a ninguna más en su vida. Y el que no ha manifestado tenerlo tan claro ha sido Zelaya, que, uniéndose (o ungiéndose) a la doctrina Moratinos, ya anuncia que él tampoco va a reconocer el resultado de unas elecciones que estaban convocadas (y propuestos los candidatos) cuando él aún era indiscutiblemente presidente, y ahora llama a los suyos a la abstención. Ya veremos qué caso le hace el electorado en general: la solución, en noviembre.

Las papeletas electorales están ya aprobadas, tanto para presidente de la República (primera urna) como para el Congreso (segunda) o para cada una de las municipalidades (tercera), que aquí se hacen las elecciones de todo el mismo día. Por razones comprensibles (aunque lamentables), cada papeleta contiene las fotografías de todos los candidatos, no basta con el nombre de la persona y el logotipo del partido para que cada elector sepa bien a quién vota. E imprimirlas todas y distribuirlas, de forma que lleguen a tiempo a todos los colegios electorales, lleva su tiempo.

Sólo desde la ignorancia o el desconocimiento del sistema electoral hondureño se puede pretender, a estas alturas, anticipar las elecciones: no da, materialmente, tiempo para prepararlas para antes de noviembre, y para que haya una campaña electoral (más larga que la nuestra) como está establecida por la ley. Y esto lo ha dicho desde la primera intentona de anticipación el mismo Tribunal Supremo Electoral. Aprovecho para agradecerle la información que publican ustedes sobre Honduras: de todas las que yo he podido recibir desde España, es la que más se aproxima a lo que aquí se ve y se vive. Y por eso me permito añadirle estos matices: en otros medios, habría que reescribirles el artículo por completo.

José Francisco Guijarro

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