
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con sus luces y sombras, nunca ha tenido reparos en declarar públicamente su fe cristiana. Desde que regresó a la Casa Blanca, lo ha demostrado en muchas ocasiones tal y como hemos contado en Hispanidad. Desde Semana Santa declarando que el Señor ¡ha resucitado!, pasando por honrar a Cristóbal Colón y la evangelización de América. Destaca también cómo Trump ha situado, en la primera línea de su Administración, a dos líderes como el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, que comparten una sólida fe católica y son defensores de los valores no negociables.
En esa línea, el presidente Trump ha emitido un comunicado para unirse en oración a los obispos católicos reunidos en Orlando, Florida, que han consagrado los Estados Unidos al Sagrado Corazón de Jesús, con motivo del 250 aniversario de la independencia estadounidense, que se cumple el próximo 4 de julio.
Trump ha tenido palabras para algunos de los líderes católicos más relevantes de la historia de EEUU como al obispo, John Carroll, el primer obispo católico en los Estados Unidos.
El republicano ha recordado también la relevancia que tuvo el Sagrado Corazón para poner fin en su momento al comunismo soviético: “La Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús de este año también marca apropiadamente el aniversario de uno de los días más trascendentales en la larga lucha crepuscular de la civilización occidental contra el comunismo ateo. El 12 de junio de 1987, el presidente Ronald Reagan pronunció su histórico discurso en la Puerta de Brandenburgo en Berlín, Alemania, en el que imploró al secretario general soviético Mikhail Gorbachev que "derribara este muro".
Trump ha tenido unas bellas palabras dedicadas a San Juan Pablo II y al expresidente Ronald Reagan, por su papel clave para tumbar al comunismo soviético: “Gracias al liderazgo moral del presidente Reagan y del Papa San Juan Pablo II, el trabajo incansable y la determinación de hombres y mujeres libres de todo el mundo, y el testimonio moral de millones de personas que soportaron sufrimiento prolongado dentro de las naciones cautivas, las fuerzas impías del comunismo soviético fueron vencidas y el espíritu humano triunfó”.
Por último, ha lanzado un mensaje de advertencia sobre las funestas ideologías que pretende expulsar a Dios de la vida pública, pero ha defendido que el Sagrado Corazón de Jesús prevalecerá: “Hoy, casi cuatro décadas después, nuestra nación y nuestra cultura enfrentan un nuevo conjunto de ideologías amenazadoras que buscan una vez más expulsar a Dios de nuestra sociedad. Pero hoy, cuando los obispos católicos consagran los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús en este año 250 de nuestra Independencia, volvemos a comprometernos, como el Presidente Reagan y el Papa San Juan Pablo II, a defender nuestra identidad espiritual y nuestra gran herencia civilizatoria. Sobre todo, oramos para que Estados Unidos continúe durante los próximos 250 años, y más allá, siendo una tierra de fe, un país de milagros y una luz y gloria para todas las naciones”.










