
La carta la fima Monseñor Daniel E. Thomas, Obispo de Toledo (Ohio), como Presidente del Comité de Actividades Provida de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, la dirige al Congreso y no tiene desperdicio: "escribo para expresar nuestro apoyo a la Ley de Protección de las Mujeres contra el Aborto Químico ( S. 4066 / HR 7902 )".
Es evidente el giro provida de Estados Unidos desde que Trump ocupa la Casa Blanca. Medidas provida, excarcelamiento de activistas acosados por Joe Biden y declaraciones y posicionamientos de primeros espadas de la Administración a favor de la vida. La Administración Trump no sólo está trabajando en el país, sino que su campaña se extiende también internacionalmente. Y no sólo en materia de aborto, sino que desde el Gobierno estadounidense se está acabando con la ideología de género, el woke y todos los propósitos del Nuevo Orden Mundial.
En esta lucha, el Congreso tiene sobre la mesa la aprobación de la Ley de Protección de las Mujeres contra el Aborto Químico, que acabaría con la píldora abortiva. De aprobarse la norma, a ojos de los obispos americanos, "revocaría la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) para las píldoras de mifepristona para el aborto y declararía ilegal el etiquetado del medicamento con ese fin. Asimismo, proporcionaría un recurso legal para que quienes hayan sufrido daños por el medicamento puedan presentar demandas contra sus fabricantes".
Recuerda Monseñor en su misiva que la doctrina católica "sostiene que toda vida humana es sagrada desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, y que tanto la vida de la madre como la del feto poseen igual dignidad inherente".
Por ello, la píldora abortiva representa una respuesta aislante y perjudicial para las mujeres necesitadas, quienes merecen un acompañamiento compasivo y un apoyo significativo para ayudarlas a recibir a su hijo".
Los abortos químicos representan actualmente casi dos tercios de todos los abortos en Estados Unidos, "lo que resulta en la pérdida de cientos de miles de fetos cada año. Desde que la mifepristona fue aprobada hace más de veinticinco años, ha surgido un creciente conjunto de evidencia que sugiere que el uso de este fármaco, como parte del régimen de dos fármacos para el aborto químico, no solo acaba con la vida de los fetos, sino que también supone un peligro significativo para las madres".
Los obispos también recuerdan las barbaridades que hizo la administración del católico Biden, cuando eliminó el requisito de dispensación presencial, creando el teleaborto, algo que "aumentará los riesgos para las mujeres al eliminar la oportunidad de una evaluación profesional de factores como la etapa del embarazo y si se trata de un embarazo ectópico, e impedir un seguimiento adecuado. También podría facilitar la explotación de los fármacos abortivos por parte de abusadores y traficantes de personas".
Los obispos estadounidenses se han opuesto a que la mifepristona permanezca en el mercado y han abogado por, como mínimo, restablecer las Estrategias de Evaluación y Mitigación de Riesgos (REMS, por sus siglas en inglés) con respecto a este fármaco. Esto no solo busca reducir el número de abortos y salvar la vida de los niños no nacidos, sino también prevenir tragedias dobles y proteger la salud y la vida de las madres que tomarían este medicamento mortal.
Al retirar la aprobación de la FDA para la mifepristona como método de aborto, prohibir que se etiquete para tal fin y garantizar el derecho de las empresas privadas a interponer demandas contra los fabricantes, "la Ley de Protección de las Mujeres contra el Aborto Químico probablemente salvaría vidas al reducir la incidencia del aborto químico en sí y todos los riesgos asociados para las madres".
"Agradecemos enormemente su liderazgo al abordar este grave problema moral e instamos a sus colegas de la Cámara de Representantes y del Senado a que apoyen y aprueben este proyecto de ley. Gracias por su labor para garantizar la seguridad y el bienestar de los no nacidos y sus madres. Estamos dispuestos a respaldar sus esfuerzos", concluyen los obispos.













