Al comienzo del período estival del año 2022, el Tribunal Supremo derogó la protección legal del aborto en Estados Unidos. Así, en el célebre asunto Dobbs contra Jackson Women's Health Organization, la más alta instancia judicial del país, optó por poner fin al precedente de Roe contra Wade, que supuso la despenalización del aborto en Estados Unidos en 1973, de tal manera que, desde entonces, cualquier Estado puede restringir o eliminar el aborto a nivel estatal si así lo desea.
El camino no fue fácil, y como contamos en Hispanidad, los magistrados del tribunal que adoptaron la decisión, sufrieron duras presiones por parte de la Administración del entonces presidente Joe Biden, y padecieron un grave acoso, hasta el punto que el magistrado Samuel Alito, tuvo que ser evacuado a un lugar seguro con su familia para protegerlo de la violencia de los activistas proaborto. También sufrió la furia abortista, la magistrada Amy Coney Barrett, llegando a presentarse un grupo de abortistas frente a su domicilio, 'manifestándose' ataviadas con pantalones ensangrentados y muñecos que simulaban bebés nacidos "a la fuerza" y pancartas donde se pedía aborto libre. Del mismo modo, un sospechoso armado con una pistola y un cuchillo fue arrestado cerca de la casa del juez Brett Kavanaugh, también del bloque conservador.
Pues bien, tal acoso y presión también lo sufrieron los magistrados conservadores por parte de sus compañeros progresistas del Alto Tribunal, tal y como cuenta Fox News.
Tal revelación se recoge en el libro de la analista de Fox News, Mollie Hemingway, que desvela que la tension estalló a la luz de la polémica filtración del borrador de la sentencia, en el medio Politico, semanas antes de emitise el fallo, lo cual suponía una flagrante violación de las normas del Supremo estadounidense, y se interpretó por muchos analistas como una manera de presionar a los mayoría del tribunal que avalaba poner fin a Roe vs Wade. La identidad del responsable de tan grave filtración y sin precedentes, sigue siendo desconocida hasta el día de hoy.
“Todos sabían que la filtración suponía un grave riesgo para la seguridad de los magistrados"
Tal filtración suponía una grave amenaza para la seguridad de los magistrados conservadores, como recuerda Hemingway: “Todos sabían que la filtración suponía un grave riesgo para la seguridad de los magistrados. Dado que las decisiones no entran en vigor hasta que se emiten oficialmente desde el tribunal, la muerte de un magistrado antes de ese momento podría alterar el resultado. La amenaza de asesinato aumentó drásticamente. En las semanas siguientes, cientos de centros de apoyo al embarazo, iglesias y organizaciones provida fueron vandalizados, algunos incluso incendiados”.
Cuenta la autora, que la juez Elena Kagan, del bloque progresista, y designada por el presidente Barack Obama, confrontó con su compatriota también progresista, el magistrado Stephen Breyer, nombrado por Bill Clinton, después que Alito y otros magistrados conservadores pidieran a sus colegas progresistas que acelerasen la redacción de sus votos particulares contrarios a la sentencia, dado que cuanto más se demorara el fallo tras la filtración, el riesgo para la seguridad de los magistrados conservadores se incrementaba. El motivo es que, aparentemente Breyer estaba dispuesto a aceptar esa petición de acelerar la redacción de su voto contrario, por solidaridad con la grave situación que vivían sus compañeros del Tribunal, algo que no gustó a Kagan, que según el libro, testigos afirman que gritó tan fuerte a Breyer, “que la pared temblaba”.
Sea concidencia o no, ese mismo año, Breyer, que era el principal referente del bloque progresista, y que en 2022, llevaba casi tres décadas en el Alto Tribunal, presentó su renuncia, tras sufrir fuerte presiones por parte de los demócratas para que se retirase, para que el presidente Biden pudiera designar otro reemplazo progresista más joven para la corte suprema. Ese mismo año, Ketanji Brown Jackson, progresista y más radical que Breyer, le sucedería.










