Desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca ha dado la batalla contra la ideología de género, en concreto con las normas trans. Ya en el mismo discurso de toma de posesión, Trump dejó claro que no comulga con la ideología de género, cuando destacó que "solo hay dos géneros: masculino y femenino".

De hecho, Trump prohibió, mediante una orden ejecutiva, los tratamientos de transición de género y cirugías a menores de 19 años, criticando que actualmente muchos médicos "están mutilando y esterilizando a un número cada vez mayor de niños bajo la afirmación radical y falsa de que los adultos pueden cambiar el sexo a través de una serie de intervenciones médicas irreversibles". "Esta peligrosa tendencia será una mancha en la historia de nuestra nación y debe terminar".

Con esta orden, la Administración Trump puso fin a la financiación o promoción de este tipo de prácticas (también en la investigación o en la educación). Además, tanto Bondi como Trump ya anunciaron que los cambios de sexo en menores se calificarían como "mutilación genital" y que habría consecuencias por ello. 

Oregón es uno de esos estados que desoye las instrucciones del presidente con su progresista gobernadora demócrata, Tina Kotek, al frente. Quizás recuerden a Kotek, que es una progresista de tomo y lomo: legalizó las drogas y tuvo que recular por lo insostenible de la situación.

Y tiene la medalla de aumentar el número de eutanasias en el Estado de manera exponencial. 

Entre tanto progresismo el fallo judicial que se ha conocido ha caído como un jarro de agua fría, y es que parece que Trump va a tener razón. Camille Kiefel ha recibido una indemnización de 3.5 millones de dólares tras el acuerdo extrajudicial de su demanda contra dos terapeutas de Oregón, días antes de que comenzara el juicio el mes pasado.

Kiefel era chica, pero empezó a convencerse de que era un hombre, los médicos, tras dos simples sesiones de telemedicina, decidieron que lo mejor para ella era realizarle una doble mastectomía en 2020, extirpándole los dos senos sanos y pasando por alto sin problemas una serie de cuestiones de salud mental. Se arrepintió de su cambio y ahora es detransicionadora.

La cosa parece que no acabará aquí y es que la propia Kiefel aseguró al New York Post que demandaría a su trabajadora social, a su terapeuta y a las clínicas de género para las que trabajan -Brave Space Oregon y Quest Center for Integrative Health-.

«Mi padre me contó cómo hablaban los hombres de las chicas, porque quería protegerme y que me vistiera de forma más recatada», declaró a The Post. «Pero eso empeoró mi ansiedad. Todo eso me afectó muchísimo. Recuerdo que incluso tenía miedo de estar sola». Y es que Kiefel asegura que fue consciente de su feminidad y de ser una chica de sopetón, cuando su mejor amiga fue violada por un pariente. A partir de ese momento, empezó a vestirse de forma más andrógina.

Hasta ese momento sólo era una chica con problemas, depresión y que para taparlos usaba un tipo de ropa concreta. Pero fue en la Universidad Estatal de Portland donde se apuntó a cursó una especialización en estudios de género y conoció puntos de vista alternativos sobre el sexo y el género. Tras el mismo empezó a usar los pronombre elle y a identificarse como no binaria. 

Kiefel asegura que nunca vio a nadie en persona antes de que le extirparan los senos el 28 de agosto: "Las complicaciones fueron casi inmediatas. Dijo que tuvo problemas para tragar e intoxicación por escopolamina debido a un parche que le colocaron detrás de la oreja para tratar las náuseas, lo que le provocó dilatación de las pupilas durante meses después de la cirugía". Según cuenta nadie se ocupó, mientras que los médicos le escuchada antes de hacerse la operación, después de que se hizo la cirugía, pasó a ser ignorada. 

“No hay nada a lo que hacer la transición como persona no binaria”, dijo Camille. “No existe un tercer sexo. Simplemente se basa en la sensación de que esto te vendría bien. Es una cirugía de diseño, pero no lo pensé en ese momento… Es una extraña cirugía de Frankenstein la que están haciendo”.

“Los médicos también están influenciados por esta ideología de género, por lo que existe la idea de que se puede tener una enfermedad mental y ser trans”, explicó. “Es casi como un sesgo de confirmación y no se molestaron en investigarlo a fondo”. Y es que, Kiefel se da cuenta que ella contó todo a los médicos pero estos prefirieron pasar por alto su depresión y sus problemas decidiendo que era mejor operar. 

Muchas personas “que no deberían someterse a estas cirugías, las están recibiendo”, afirmó. “Existen problemas de salud subyacentes que se están pasando por alto. Personas como yo estamos quedando desamparadas”.