En Hispanidad hemos hablado de la España irrespirable de, a lo que ahora habría que añadir situación insostenible... pero. ya ven, sostenida en el tiempo.

Pedro Sánchez no se marcha mientras persevera en todas sus tropelías. Por ejemplo, en la la lucha frontal contra la justicia, lo cual tira a evidente, pero no sólo ahí: tras ocho años en Moncloa, el presidente continúa usurpando y silenciando a la prensa, nacionalizando empresas, profanando cualquier idea que le resulte ajena -el cristianismo, por ejemplo- y utilizando la mentira como principal arma política. 

Sánchez no tiene escrúpulos ni tiene principios. En eso estamos todos de acuerdo. Pero recuerden: la vileza de Sánchez no sería posible sin el progresivo envilecimiento de los españoles, empezando por las instituciones españolas, que no le hacen frente porque sufren una especie de Síndrome de Estocolmo progresista. 

Pedro Sánchez ha conseguido un gran victoria: que la mayoría social -esta sí es mayoría- considere que todo aquel que ose discrepar del Régimen, resulte un ultra, un fascista de tomo y lomo. Un embuste grabado a fuego en tantos... y hasta en tantas.