Respecto a la invasión de Ceuta, hay algo que no sabemos. Todo el mundo da por sabido que Mohamed VI tiene chantajeado a Pedro Sánchez pero no me sirve de nada si no sé en qué y por qué le tiene chantajeado.

Los hechos aseguran que Mohamed VI, que es quien ha lanzado a 70.000 marroquíes y subsaharianos contra la ciudad española, utilizándolos como misiles humanos, sabe algo sobre Sánchez que nosotros no sabemos o que debe estar crecido con las tragaderas de Pedro Sánchez.

O eso, o que tengamos que aceptar las tesis, brillante, de Isabel Durán de que le presidente del Gobierno está utilizando el aplastamiento de los ceutíes para crear una crisis que le permita mantenerse en el poder sin convocar elecciones.

Y nos equivocaremos si concluimos que el único culpable es Sánchez. La vileza de Sánchez no sería posible sin el envilecimiento de  buena parte de la sociedad española. Comprobaremos cuál es el nivel de envilecimiento en las próximas manifestaciones del 2 de septiembre, día de Ceuta

En cuanto al papel de Felipe VI, que sí que puede hacer más, mucho más, por Ceuta, sólo concluir que, para el indeseable advenimiento de la III República, una de la alternativas que baraja Sánchez para mantenerse en el poder, las omisiones de la Zarzuela están haciendo más que las andanadas de Moncloa pues, tras la invasión de Ceuta, la pregunta que tantos españoles se han hecho durante los últimos años, empieza a resultar tan urgente como agobiante: ¿Para qué sirve el Rey Felipe VI?

Por lo demás, a los ceutíes sólo les queda la opción de la autodefensa, siempre compleja pero siempre hipótesis necesaria cuando el Estado no cumple la primera de sus obligaciones; proteger a sus ciudadanos, desde el exterior y desde el interior.

Pero lo de Ceuta da para mucho más. Por ejemplo, da para contemplar el ominosos silencio de Santiago Abascal, presdiente de Vox. No porque no eche las patas por alto sino porque no propone alternativas. Abascal ya debería elevar semanas explicando sus soluciones para Ceuta. La primera, expulsar por la fuerza, policial y militar, a los invasores, de Ceuta. Y si los pobrecitos inmigrantes -entre los que, casualmente, cada día se descubren a más delincuentes- persisten en sus violencia, dar permiso a soldados y policía para disparar, aunque se produzca la indeseable pérdida de vidas humanas.

Abascal tampoco habla de militarizar Ceuta y Melilla de forma permanente, no accidental, ni habla del conjunto de medidas militares, económicas y diplomáticas contra nuestro enemigo, Marruecos. Desde luego, la primera medida: la proclamación del Estado de Excepción.

La invasión de Ceuta ha convencido a toda Europa, menos al Gobierno español, de que la inmigración es mala en sí misma y de que la multiculturalidad no es sino un elemento retardador del progreso. Lo que hay que hacer es ayudar a los pobres a salir de la pobreza en sus países, no soltarlos en las calles de Madrid

El silencio de Abascal es el mismo silencio estentóreo de Alberto Núñez Feijóo, pero ese ya le conocíamos. Sí, ambos hablan mucho, critican al Gobierno pero no proponen nada. Ergo, ambos están desaprovechando en Ceuta una oportunidad histórica de comportarse como gobernantes.

Por cierto, nos equivocaremos si concluimos que el único culpable es Sánchez. Pedro Sánchez es un ególatra sin escrúpulos que acabará cediendo Ceuta, Melilla y las Isla Canarias a 'Mojamé', como cedió Gibraltar a los ingleses, mientras los españoles permanecíamos calladitos porque, en nuestra comodidad, nos hemos vuelto no solo viles, sino también idiotas.

Pero recuerden que la vileza de Sánchez no sería posible sin el envilecimiento de buena parte de la sociedad española. Comprobaremos cuál es el nivel de envilecimiento en las próximas manifestaciones del 2 de septiembre, día de Ceuta, que deberían convertirse en un clamor nacional.

Lección internacional: la invasión de Ceuta ha convencido a toda Europa, menos al Gobierno español, de que la inmigración es mala en sí misma y de que la multiculturalidad no es sino un elemento retardador del progreso. Lo que hay que hacer es ayudar a los pobres a salir de la pobreza en sus propios países, no a soltarlos en las calles de Madrid.

Insisto en el problema añadido acerca de la invasión de Ceuta: la pregunta que tantos españoles se han hecho durante los últimos años, empieza a resultar urgente y agobiante: ¿Para qué sirve el Rey Felipe VI?