Sr. Director:

Tras el 11 S el mundo no ha vuelto a ser el mismo desde hace veinticinco años, día en que se produjeron los atentados terroristas en la Gran Manzana de Nueva York y en Shanksville (Pensilvania), dejando el trágico balance de 2.977 muertos.

 La imagen de la caída de las Torres Gemelas se ha convertido en el icono del comienzo de una nueva era que aún se está configurando. Creo importante recordar que al día siguiente de los atentados, el Papa Juan Pablo II calificó lo ocurrido como “una terrible afrenta contra la dignidad humana” y recordó que “el corazón del hombre es un abismo del que brotan a veces planes de inaudita atrocidad, capaces de destruir en unos instantes la vida serena y laboriosa de un pueblo”.

 El 11S fue un momento trágico que nos obliga a repensar los fundamentos de un mundo en paz, sobre la base de la justicia y de la libertad, un mundo en que la dignidad sagrada de toda persona esté por encima de cualquier cálculo o proyecto.