
El pasado 7 de agosto se cumplieron los noventa años de la voladura con dinamita del monumento del Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles. No ha habido ninguna persona más importante en la devoción a esta imagen del Corazón de Jesús como la fundadora del carmelo del Cerro de los Ángeles, la Madre Maravillas de Jesús, Santa Maravillas de Jesús. Su devoción comienza incluso antes de ponerse la primera piedra de este monumento en 1916, sigue en el momento mismo de la voladura el 7 de agosto de 1936, la cual vivió estando en Getafe, y la mantuvo durante toda su vida. Veamos cómo fue esa relación.
En efecto, el 1 de junio de 1916 el Boletín Oficial del Obispado de Madrid anunciaba la construcción del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, indicando que dicho monumento “se construirá por suscripción nacional. Es preciso —seguía diciendo el Boletín— que todos los españoles contribuyan, ricos y pobres”.
En 1920 se publicó el Libro de Oro de la piedad española, en el que se dieron a conocer los nombres de los donantes y la cantidad aportada por cada uno. La familia de Santa Maravillas de Jesús colaboró en la suscripción; la madre de Santa Maravillas de Jesús, marquesa viuda de Pidal, aparece con un donativo de 100 pesetas; Alfonso Pidal y Chico de Guzmán, entonces marqués de Pidal y hermano de Santa Maravillas de Jesús, figura con otro donativo de 150 pesetas. Y lo más significativo, muy cerca de estos nombres aparece un donativo anónimo bajo la denominación “Al que es todo para mí”, con una entrega de ¡1.000 (mil pesetas)! Como se supo después, esa generosísima entrega la había hecho Maravillas, antes de ingresar en el Carmelo.
El 30 de julio de 1916 se colocó la primera piedra del monumento con toda solemnidad. El arquitecto Carlos Maura y el escultor Aniceto Marinas fueron sus autores. Acabaron los trabajos en abril de 1919 y, por fin, el 30 de mayo de 1919, festividad de San Fernando Rey de España, el rey Alfonso XIII consagró España al Corazón de Jesús ante esa imagen.
“Al que es todo para mí”, con una entrega de ¡1.000 (mil pesetas)! Como se supo después, esa generosísima entrega la había hecho Maravillas, antes de ingresar en el Carmelo
Alfonso XIII en una conversación que mantuvo con el padre Mateo Crawley, promotor de esta consagración, le manifestó que había recibido una comisión de la masonería exigiéndole que no consagrara España al Corazón de Jesús y amenazándole con que si quería conservar la corona, debía aceptar las siguientes proposiciones que le entregaron por escrito: primera, su adhesión a la masonería; segunda, decretar que España será un Estado laico; tercera, decretar la ley del divorcio y cuarta, generalizar la instrucción pública laica. El rey le dijo al religioso que, sin titubear un instante, les respondió:
—“Esto, ¡jamás! No lo puedo hacer como creyente”.
Y tan cierto como que Alfonso XIII no atendió la demanda de los masones, es que estos se salieron con la suya. El 14 de abril de1931, Alfonso XIII perdió la corona y se proclamó la Segunda República española.
Los socialistas, por su parte, jalearon públicamente la estrategia de los masones. Julián Besteiro, el intelectual y el tolerante del PSOE, se refirió a la consagración como “un acto bochornoso y peligroso”. Por su parte, Pablo Iglesias arremetió contra el Cerro de los Ángeles con este exabrupto: “La locura ha hecho presa en la cabeza de nuestros gobernantes”. Años después, en 1936, el Frente Popular impuso “su” cordura en el Cerro de los Ángeles a base de balas y de dinamita. El 28 de julio de 1936 fusilaron la imagen del Sagrado Corazón y el 7 de agosto volaron el monumento.
Pero volvamos a nuestra protagonista. Maravillas ingresó en el monasterio del Corazón de Jesús y San José de Carmelitas Descalzas de San Lorenzo del Escorial el 12 de octubre de 1919. Más tarde, por el mes de junio de 1923, el Sagrado Corazón le inspiró a la entonces hermana Maravillas de Jesús la fundación de un carmelo en el Cerro de los Ángeles. Por un escrito de la madre Maravillas de Jesús que se conserva en el archivo conocemos más detalles de dicha inspiración extraordinaria:
«El Cerro se representó. “Aquí quiero que tú y esas otras almas escogidas de mi Corazón me hagáis una casa en que tenga mis delicias. Mi Corazón necesita ser consolado, y este Carmelo quiero que sea el bálsamo que cure las heridas que me abren los pecadores. España se salvará por la oración”».
El lunes 19 de mayo de 1924, a las tres y cuarto de la tarde, la entonces hermana Maravillas de Jesús y otras tres carmelitas salieron del carmelo del Escorial para la fundación del Cerro de los Ángeles. Los dos coches que llevaban a las cuatro carmelitas y sus acompañantes se dirigieron al Cerro de los Ángeles, donde se postraron ante la imagen del Corazón de Jesús. Y de allí partieron a una casita provisional de Getafe, donde iban a permanecer más de dos años, mientras se construía el monasterio en el Cerro de los Ángeles.
En esa casita residieron las cuatro fundadoras, hasta que el 31 de octubre de 1926 se inauguró el nuevo carmelo, aunque todavía sin terminar muchos detalles. Antes de entrar en el monasterio, las cuatro fundadoras se postraron ante la imagen del Sagrado Corazón. En esta ocasión, ya estaban acompañadas de cuatro novicias y tres postulantes, que habían ingresado en ese tiempo. Hubo vocaciones en abundancia y en calidad, de modo que pronto llegaron a ser las veintiuna establecidas por Santa Teresa para cada monasterio. Esta afluencia de vocaciones hizo posible que, en 1933, pudieran salir ocho carmelitas del Cerro de los Ángeles para fundar el carmelo de Kottayam en la India.
Santa Maravillas de Jesús siempre manifestó un gran amor a su patria: “Siempre he considerado una gracia del Señor ser española, por ser la nación más suya, a pesar de todo”
En 1923, el Corazón de Jesús le había pedido alivio por las heridas que le causaban los pecados en España y en los años siguientes la situación moral de la sociedad no había mejorado. “Lo de España me preocupa mucho, —le escribía la madre Maravillas de Jesús al padre Alfonso Torres el 21 de marzo de 1930—y estas poquitas almas, aquí reunidas por su amor, podrían ser parte para remediar, contando con la misericordia divina, tanto mal”. Santa Maravillas de Jesús siempre manifestó un gran amor a su patria, por eso el alejamiento de Dios que se estaba produciendo le dolía y se lo volvió a manifestar al padre Torres en otra carta del mes de diciembre de 1930: “Siempre he considerado una gracia del Señor ser española, por ser la nación más suya, a pesar de todo”.
En consecuencia, para compensar ese “a pesar de todo” de la sociedad española, la madre Maravillas de Jesús solo vio el martirio como remedio. Desde entonces y a pesar de ser una comunidad de monjas muy jóvenes en el carmelo del Cerro de los Ángeles se vivió un ambiente martirial. La madre Maravillas de Jesús compuso una oración para que el Señor aceptase a cada una de ellas como víctimas propiciatorias. La primera vez que la comunidad hizo esta consagración fue el 12 de febrero de 1931, la volvieron a rezar el 11 de mayo de 1931, el día de la quema de conventos, la repitieron el 19 de mayo de 1931, cuando se declaró el estado de guerra en Madrid y la recitaron una cuarta vez cuatro días después de que estallara la Guerra Civil, el 22 de julio de 1936, en los momentos previos al ser expulsadas del convento. Este es el texto de dicha consagración:
«Corazón amantísimo de Jesús
Humildes y confiadas nos presentamos hoy ante Vuestra soberana presencia.
Nada somos y Vos conocéis bien la ruindad de nuestros corazones, pero ante esta debilidad nuestra, más que nunca lo esperamos todo de Vuestra bondad y misericordia. Dios nuestro y único amor de nuestras almas, Os renovamos con todo nuestro corazón el ofrecimiento de todo nuestro ser, de nuestra vida, de nuestra sangre, y ¡qué dichosas seríamos si los aceptaseis, unido todo a los méritos de Vuestra Pasión y muerte y a los dolores de la Santísima Virgen! Recibidlo por manos de esta Nuestra Madre Inmaculada… Os lo ofrecemos en satisfacción de nuestros propios pecados y de todos cuantos se cometen en nuestra pobre España… Libradla Señor de todos sus enemigos y reinad ya en esta tierra Vuestra según Vuestra promesa».
No, eran unas frases bonitas sin más. El ofrecimiento de sus vidas iba en serio. El 25 de octubre de 1931, la madre Maravillas de Jesús escribió al general de la Orden para que hiciera llegar al papa Pío XI la petición extraordinaria de poder romper la clausura y ponerse como escudos humanos, para defender así el monumento del Corazón de Jesús. La respuesta afirmativa del papa la recibieron con gran alegría, pensando que pronto llegaría el martirio. Desde entonces en más de una ocasión, durante la recreación, se ponían las capas blancas y de pie, unas junto a otras con los brazos extendidos se sujetaban los extremos de las capas, para comprobar si colocadas de esta manera podían rodear el monumento por completo, cuando hubiera que salir a defenderlo.
El 22 de julio de 1936 los milicianos sacaron a las carmelitas del convento y se produjo un momento de gran alegría porque veían cercano el martirio. Antes de salir del monasterio, la madre Maravillas de Jesús solicitó un tiempo para preparar la partida, que aprovecharon para renovar el ofrecimiento de sus vidas al Corazón de Jesús, como hemos dicho, y para que las ocho novicias hicieran su profesión in articulo mortis. Una vez fuera, consiguieron que los milicianos las dejaran ir a postrarse ante la imagen del Corazón de Jesús. Se dirigieron hasta el monumento, rezando el Te Deum entre dos filas de milicianos.
Un camión las trasladó hasta Getafe, donde se instalaron en el colegio de las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos, vulgo las Ursulinas, que estaban amparadas por la bandera francesa. Desde un ventanuco del desván se divisaba el Cerro de los Ángeles perfectamente; además la madre Maravillas de Jesús, sin saber cómo, entre las pertenencias que se había llevado del monasterio tenía unos prismáticos que le habían regalado hacía poco tiempo.
Unas junto a otras con los brazos extendidos se sujetaban los extremos de las capas, para comprobar si colocadas de esta manera podían rodear el monumento por completo, cuando hubiera que salir a defenderlo
Todos los días a las tres de la tarde, después de rezar vísperas, subían al desván para acompañar al Señor. En pleno verano, la temperatura del desván era asfixiante, pero allí permanecían rezando, hasta que se iban los milicianos del Cerro y ellas bajaban a cenar. Desde el día 31 pudieron ver los intentos de los milicianos para derribar la imagen del Corazón de Jesús.
El día 7 de agosto, como días anteriores, subieron al desván a las tres de la tarde. Observaron un gran revuelo y la presencia de muchos camiones y hasta una grúa. Cuando llegó la hora de cenar, para no alterar el horario de las ursulinas, bajaron las carmelitas al comedor, menos dos hermanas a las que la madre Maravillas de Jesús dejó el encargo de que vigilaran porque todavía no se habían ido los milicianos. Después de cenar subieron al desván y escucharon las detonaciones que derribaron el monumento, aunque no pudieron ver nada, porque ya había oscurecido.
Permanecieron un buen rato en el desván, hasta que la madre Maravillas de Jesús les dijo, que “si habían quitado su trono al Señor, que cada una le hiciésemos un trono en nuestro corazón”. La madre Maravillas de Jesús pedía perdón por los que habían volado el monumento, “Perdónales Señor —decía Santa Maravillas de Jesús— porque no saben lo que hacen”. Y a la vez que trataba de levantar el ánimo de toda la comunidad, les dijo:
—“Aquí ya no hacemos nada, mañana mismo nos vamos a Madrid”.
Mientras se arreglaban los papeles para partir, llegó el 14 de agosto. Ese día las carmelitas del Cerro de los Ángeles se trasladaron desde las Ursulinas de Getafe al número 33 de la madrileña calle de Claudio Coello.
Javier Paredes
Catedrático emérito de Historia Contemporánea









