Otros de los mitos de la izquierda que conviene desmontar es el que afirma que los socialistas son los más listos de la clase y que los que no pensamos como ellos pertenecemos al pelotón de los torpes. En esta línea, dicen que la película de la cultura durante el franquismo se rodó en blanco y negro, y que ellos, en cambio, han pintado de colorines el paisaje cultural. “Y también dos huevos duros…”, que dirían los hermanos Marx.
No hace mucho coordiné un libro en el que escribieron varios profesores de Universidad. Dicho libro se titula Los números de Franco. No pretendíamos otra cosa que contar sin calificativos ni descalificaciones la historia de esos años en los ámbitos de la sociedad, la economía, la cultura y la religión. Para conseguirlo, las cifras, los datos y los gráficos tenían que ocupar un lugar preferente en el texto. Se conoce lo del milagro económico, pero el capítulo que realmente sorprende al lector de este libro es el de la cultura, escrito por el actual catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá, Antonio Manuel Moral Roncal. En ese capítulo se pueden encontrar tanto las cifras de lo que podríamos llamar “alta cultura”, como las de la cultura popular: número de colegios, bibliotecas de ayuntamientos, películas, ediciones de libros, obras de teatro, el deporte, los toros, periódicos, revistas y hasta publicaciones de tebeos. Pues en una de sus páginas el profesor Moral Roncal escribe lo siguiente:
“Con toda esa herencia coyuntural y sin negar, en ningún momento, el drama del exilio para el universo cultural hispano, la España de Franco no fue un páramo cultural, como desmitificó uno de sus testigos, Julián Marías, discípulo de Ortega y Gasset, ya en 1976. Los catedráticos, músicos, artistas, escritores, periodistas, científicos, etc., que voluntaria o involuntariamente permanecieron en la península ni fueron inferiores a los exiliados, ni su labor en los claustros, ateneos, empresas cinematográficas, editoriales, museos y academias fue inútil o estéril. Dámaso Alonso, Pedro Laín Entralgo, Rafael Lapesa, Luis Díez del Corral, Blas Taracena, Miguel Asín Palacios, Fernando Álvarez de Sotomayor, etc., entre otros muchos, tuvieron que cargar con la enorme responsabilidad de sostener con vida las instituciones culturales y científicas en condiciones adversas, en una dura posguerra que se prolongó más de lo esperado por todos los españoles. Y ellas no murieron ni desaparecieron, sobrevivieron y fueron lentamente impulsadas al calor del desarrollismo del segundo franquismo y del "milagro económico español".
La izquierda dice que la película de la cultura durante el franquismo se rodó en blanco y negro, y que ellos, en cambio, han pintado de colorines el paisaje cultural. “Y también dos huevos duros…”, que dirían los hermanos Marx
Por su parte, Miguel Platón ha escrito un libro titulado Segunda República. De la esperanza al fracaso, señalando con pruebas documentales las carencias democráticas de un régimen, que desde el principio se comportó como una tiranía. Este autor cuenta con detalle los ataques contra la libertad de prensa, en los que el PSOE tiene un doble protagonismo, los socialistas son los principales verdugos de la libertad de expresión y, además, actúan como manipuladores de la opinión pública a través de los periódicos que controlan, y muy especialmente de El Socialista, que es su órgano oficial de expresión.
Pero dejemos hablar a los documentos. El 17 de febrero de 1934 la revista Renovación. Órgano de la Federación de las Juventudes Socialistas de España, publicaba el decálogo del joven socialista. Lo transcribo sin comentarios y juzguen ustedes, queridos lectores, el cambio que va del decálogo del monte Sinaí en un aburrido blanco y negro, a los alegres colorines culturales del decálogo socialista:
“1.º Los jóvenes socialistas deben acostumbrarse a las movilizaciones rápidas, formando militarmente de tres en fondo.
2.º Cada nueve (tres filas de tres) formarán la década, añadiéndole un jefe, que marchará al lado izquierdo.
3.º Hay que saludar con el brazo en alto –vertical– y el puño cerrado, que es un signo de hombría y virilidad.
4.º Es necesario manifestarse en todas partes, aprovechando todos los momentos, no despreciando ninguna ocasión. Manifestarse militarmente, para que todas nuestras actuaciones lleven por delante una atmósfera de miedo o de respeto.
5.º Cada joven socialista, en el momento de la acción, debe considerarse el ombligo del mundo y obrar como si de él y solamente de él dependiese la victoria.
6.º Solamente debe ayudar a su compañero cuando éste ya no se baste a ayudarse por sí solo.
7.º Ha de acostumbrarse a pensar que en los momentos revolucionarios la democracia interna en la organización es un estorbo. El jefe superior debe ser ciegamente obedecido, como asimismo el jefe de cada grupo.
8.º La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro en que el Socialismo solamente puede imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente.
9.º Cada día, un esfuerzo nuevo, en la creencia de que al día siguiente puede sonar la hora de la revolución.
10.º Y sobre todo esto: armarse. Como sea, donde sea y «por los procedimientos que sean». Armarse. Consigna: Ármate tú, y al concluir arma si puedes al vecino, mientras haces todo lo posible por desarmar a un enemigo”.
Con este decálogo socialista se entienden los ataques a la prensa los ataques a la prensa durante la Segunda República. La Nación de Madrid, Levante Agrario de Murcia y El Guadalete de Jerez de la Frontera, sufrieron tales destrozos por los ataques izquierdistas, que ya no volvieron a publicarse. Sin ánimo de citar a todos los periódicos atacados, solo por dar idea de la situación, mencionar que El Correo Catalán de Barcelona fue asaltado e incendiados sus talleres, El Correo de Lérida también fue quemado, El Día de Alicante fue asaltado, Diario de Albacete fue apedreado, Diario de Alicante fue asaltado, Diario de La Rioja padeció un asalto, un saqueo y un incendio, Diario de León fue incautado por sus trabajadores, en Diario de Navarra la policía repelió un asalto, Diario de Pontevedra fue apedreado, El Faro de Ceuta fue incendiado, La Gaceta de Levante fue asaltada y destruyeron su maquinaria, El Ideal de Granada fue pasto de las llamas el 10 de marzo de 1936 y no pudo reaparecer hasta tres meses después, en La Mañana de Jaén destrozaron la maquinaria, en La Unión Mercantil de Málaga la policía impidió un asalto y hubo un muerto, el periódico La Verdad de Murcia fue incendiado y su maquinaria destrozada, y en vísperas del estallido de la guerra La Voz de Valencia fue incendiada…
Los socialistas son los principales verdugos de la libertad de expresión y, además, actúan como manipuladores de la opinión pública a través de los periódicos que controlan, y muy especialmente de El Socialista, que es su órgano oficial de expresión
Con el paso del tiempo, los socialistas han depurado sus técnicas incendiarias contra la libertad de pensamiento. En la actualidad la tea incendiaria del PSOE se llama ley de Memoria Democrática, con todo un aparato de cargos bien remunerados con cargo al contribuyente, incluido Baltasar Garzón, convertido en comisario del pueblo para vigilar que se cumpla el viejo lema: “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar más de la cuenta”.
Javier Paredes
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá










