
Dios le otorgó muchos dones, por ejemplo leer en las almas pero también muchos regalos ásperos, como ataques físicos de espíritus malignos o los propios estigmas, dolorosos y sangrantes
Dos anécdotas del padre Pío de la Pietrelcina, cuya fiesta se celebra hoy, 23 de septiembre, el último de los santos, que yo sepa, que sufrió los estigmas de la pasión de Cristo.
Digo sufrió, porque los regalos de Dios no se disfrutan, se sufren. Recuerden la anécdota que cuenta Santa Teresa de Jesús. En cierta ocasión iba la abulense montada en un borrico por los caminos de España, intransitables, porque aún no había llegado Óscar Puente, el gran inversor, al Ministerio de Transportes, cuando cayó de la caballería, directamente al fango. Con el hábito empapado en barro pringoso, oyó una voz que le decía:
-Así trato yo a los que quiero.
A lo que Teresa, que era mujer y no se cortaba un pelo, respondió:
-Por eso tenéis tan pocos amigos.
Pues bien, saltando del siglo XVI al XX, con el Padre Pío ocurría algo parecido: Dios le otorgó muchos dones, por ejemplo leer en las almas pero también muchos regalos ásperos, como ataques físicos de espíritus malignos o los propios estigmas, dolorosos y sangrantes.
Es un santo muy de nuestra época quien, por ejemplo, creía en las apariciones marianas de Garabandal y que, por su fidelidad a la doctrina, sufrió la persecución que más duele a un católico: la de la propia Iglesia de Dios. Fue apartado del ministerio sacerdotal durante años por el Papa Juan XXIII quien ya en su lecho de muerte, exclamaría:
-Con el Padre Pío me engañaron.
El cura estigmatizado, que dedicó su vida a la confesión-dirección espiritual, el santo de San Gioanni Rotondo, perseguido por Juan XXIII fue canonizado por San Juan Pablo II.
Y también es significativo de nuestra era por otra razón-anécdota que asimismo cuenta su amigo, el exorcista de Roma, Gabriele Amorth: un psiquiatra norteamericano apareció por San Giovanni y le espetó al Padre Pío, dede su podio médico:
-Ya sé por qué sufre usted los estigmas: está tan obsesionado con la Pasión de Cristo que ha metabolizado su obsesión.
A lo que Don Pío respondió:
-Claro que sí, hijo. Ahora, obsesiónate tú con la idea de que eres un buey... y ya verás que pronto te salen los cuernos.
Divertir instruyendo es nuestro lema. Por la primer anécdota conocemos que el humo de Satanás se ha colado por las rendijas de la Iglesia y que en el siglo XXI la persecución eclesial -no digo todas, ¡nooooooo!- puede ser signo, precisamente, de veracidad.
Segunda moraleja: el dios psicólogo de nuestro tiempo vale tanto como los baales de los cananeos. Las obsesiones no son reales, son... obsesiones, los milagros si son reales y Dios tiene el poder de hacerlos, también en el siglo XXI. El psicólogo puede ayudarnos pero no sustituir a Cristo.









