Durante la II República y la guerra civil española, un grandísimo número de católicos españoles fueron martirizados y asesinados por el hecho de ser católicos y de no querer renunciar a su fe y a su vocación cristiana. Dios les dio la fuerza necesaria para perseverar firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad cristiana. Todos estos mártires vivieron amando y murieron perdonando a sus verdugos.

En agosto de 2026 se cumple el 90º aniversario del asesinato in odium fidei de la mayoría de obispos españoles que murieron mártires.

En julio de 1936 fue asesinado Mons. Eustaquio Nieto, obispo de Sigüenza.

El 5 de agosto fue asesinado el obispo de Lérida, Mons. Salvio Huix.

El obispo de Cuenca, Mons. Cruz Laplana, murió fusilado el 8 de agosto de 1936.

Mons. Florentino Asensio había sido consagrado obispo en enero de 1936 y nombrado administrador apostólico de la diócesis de Barbastro. Fue asesinado el 8 de agosto de 1936 junto con otros detenidos.

El martirio es el supremo don que Dios puede conceder a un cristiano y,  aunque no a todos se nos concede la gracia del martirio cruento, a todos los discípulos de Cristo se nos pide que seamos testigos de Jesucristo y de nuestra fe en Él con todas las consecuencias

Mons. Miguel Serna había tomado posesión de la diócesis de Segorbe en junio de 1936 tras quince años al frente de la diócesis de Canarias.  Fue fusilado la madrugada del 9 de agosto del mismo año.

El 12 de agosto de 1936 alcanzaron la palma del martirio Mons. Manuel Basullo, obispo de Jaén, y Mons. Manuel Borrás, obispo auxiliar de Tarragona.

El 22 de agosto fue fusilado Mons. Narciso de Estanaga, obispo de Ciudad Real y prior de las Órdenes Militares.

El 30 de agosto encontraron la gloria del martirio los obispos de Almería, Mons. Diego Ventaja, y de Guadix, Mons. Manuel Medina.

Después de esta fecha fueron dos obispos y un sacerdote en funciones de administrador apostólico los que fueron martirizados y asesinados: Mons. Juan de Dios Ponce y Pozo ejercía como administrador apostólico de Orihuela desde 1935, tras la dispensa canónica por dos años concedida a Mons. Francisco Javier de Irastrorza.

El obispo de Barcelona, Mons. Manuel Irurita, pudo esconderse en casa de una familia amiga, pero fueron descubiertos y detenidos. Irurita fue fusilado en el cementerio de Montcada i Reixach el 3 de diciembre de 1936. Su causa de beatificación sigue abierta.

El obispo de Teruel, Mons. Anselmo Polanco, agustino, fue arrestado en enero de 1938 y estuvo preso durante trece meses hasta que dos meses antes del fin de la guerra civil fue maniatado y llevado en un camión junto a otros prisioneros hasta el barranco de Can Tretze, donde fue fusilado.

El martirio es el supremo don que Dios puede conceder a un cristiano y,  aunque no a todos se nos concede la gracia del martirio cruento, a todos los discípulos de Cristo se nos pide que seamos testigos de Jesucristo y de nuestra fe en Él con todas las consecuencias.

Pidamos al Señor, Rey de los mártires y Dueño del universo, que, por intercesión de sus mártires, nos conceda perseverar siempre firmes en la fe de la Iglesia Católica, columna y fundamento de la verdad. Demos testimonio de Jesucristo con nuestras obras y palabras, todos los días de nuestra vida.