Sr. Director:

Hace seis meses, el obispo de Amberes, Mons. Bonny, vista la escasez de sacerdotes en su diócesis, anunció que estaba dispuesto a ordenar presbíteros a varones casados, porque "la necesidad me obliga" y además dice que se trata de "una decisión pragmática, no ideológica"

El obispo afirmó que se pondría en contacto con algunos varones casados y se encargaría de que recibirían una formación semejante a la que reciben los varones célibes en los Seminarios de la Iglesia Católica para prepararse a ser ordenados presbíteros.

Pues bien, parece ser que este paso ya se ha dado y que el obispo tiene en mente ordenar sacerdotes a algunos varones casados.

La escasez de clero no hace referencia solamente al número de Misas que se han de celebrar, sino que afecta -según el obispo- a toda la presencia pastoral de la Iglesia en esa diócesis.

Hoy la diócesis de Amberes cuenta sólo con 70 sacerdotes menores de 70 años. Dos tercios de ellos son de origen extranjero. Tanto en la ciudad como en el campo, muchos sacerdotes han de ir corriendo de una parroquia a otra para, al menos, poder celebrar la Misa dominical.

En Amberes ya no hay ningún sacerdote vinculado a un hospital, a un movimiento juvenil o a una escuela. De los cinco centros penitenciarios de la provincia de Amberes, sólo uno cuenta todavía con un capellán propio, cosa totalmente insuficiente.

Hasta los años sesenta del siglo pasado, la diócesis contaba con cerca de 1.500 presbíteros en activo. Hoy dispone de menos de un centenar, la mitad de ellos procedente del extranjero.

El obispo Bonny sostiene que entre los fieles existe un consenso "casi total" en lo que hace referencia a ordenar sacerdotes a varones casados y que la cuestión ya no es si la Iglesia puede o no ordenar sacerdotes a hombres casados, sino cuándo y quién lo hará.

El obispo esgrime otras dos razones:

1.- En su diócesis ya ejercen sacerdotes casados, bien de Iglesias católicas orientales, bien conversos de otras confesiones cristianas que fueron ordenados estando casados.

2.- Se apela a la salud psicosocial de los sacerdotes célibes y la transparencia de su modo de vida. Para más inri, el obispo menciona el peso negativo de los abusos sexuales del clero a menores y afirma que "las subculturas y los modos de vida clericales han pasado a la historia" Me pregunto a qué subculturas y a qué modos de vida clericales hace referencia el Sr. Obispo.

Mons. Bonny propone que se aplique el discernimiento eclesial, que recoge el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad, a la elección de candidatos al presbiterado, de modo que sea la comunidad la que señale a quién considera apto para ser ordenado presbítero.

En la Conferencia Episcopal Belga se ha hablado de esta cuestión, y también en la última visita ad limina que los obispos belgas realizaron durante el pontificado del Papa Francisco.

Sin embargo, el presidente de esta conferencia episcopal ha matizado que la decisión concreta de ordenar a hombres casados es una iniciativa del obispo de Amberes, no de los demás obispos de dicha conferencia.

Algunos obispos aseguraron a Bonny que trasladarían al Papa León la preocupación por la escasez de clero en Amberes.

Conviene tener en cuenta que, según la disciplina actualmente vigente en nuestra Iglesia, sólo pueden ser ordenados presbíteros varones que previamente hayan prometido guardar durante toda la vida el sagrado celibato.

Además, en el Documento Final del Sínodo en absoluto se recoge la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados. La propuesta tampoco prosperó tras el Sínodo de la Amazonía en 2019 y el Papa Francisco no la recogió en su exhortación postsinodal.

Mons. Bonny afirma que los candidatos que él ha elegido están recibiendo ya una formación comparable a la de los seminaristas, en un proceso que se lleva a cabo de manera transparente y discreta, lejos de la mirada de los medios.

Los criterios para los candidatos son los mismos que para los diáconos permanentes, algunos de los cuales sí son casados.

Deben tener, al menos, 35 años, contar con el consentimiento de su esposa, llevar una vida familiar estable y no tener ya hijos pequeños.

En el año 2022, la diócesis de Amberes tenía una población de un millón y medio de ciudadanos, y 1.174.000 se confesaban católicos.

Dice el CIC en el canon número 277:

"Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos, y por tanto quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios, mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón íntegro y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de las almas"

Según la disciplina de nuestra Iglesia, sólo pueden ser ordenados presbíteros varones célibes, los cuales, antes de ser ordenados, prometen obediencia y respeto a su obispo y guardar el sagrado celibato durante toda su vida.

No obstante, el celibato sacerdotal no es simplemente una ley canónica que los sacerdotes hayan de cumplir si verdaderamente quieren ser buenos sacerdotes.

Escribió San Pablo VI en la encíclica Sacerdotalis Coelibatus, de 24 de junio de 1967: "Pensamos que la vigente ley del sagrado celibato debe también hoy y firmemente estar unida al ministerio eclesiástico; ella debe sostener al ministro en su elección exclusiva, perenne y total del único y sumo amor de Cristo y de la dedicación al culto de Dios y al servicio de la Iglesia, y debe cualificar su estado de vida, tanto en la comunidad de los fieles como en la profana" (Núm. 14)

La elección del sagrado celibato ha sido considerada siempre en la Iglesia como señal y estímulo de caridad; señal de un amor sin reservas, estímulo de una caridad abierta a todos.

El sacerdote, viviendo celibatariamente, manifiesta el amor virginal de Cristo a su Iglesia y la virginal y sobrenatural fecundidad de esta unión por la cual los hijos de Dios no son engendrados ni por la carne ni por la sangre.

El sacerdote, dedicándose al servicio de Dios y de la Iglesia en completa libertad más facilitada gracias a su total ofrecimiento, realiza más plenamente la unidad y la armonía de su vida sacerdotal.

En medio de la comunidad de los fieles, el sacerdote es Cristo presente; de ahí la suma conveniencia de que en todo reproduzca su imagen y siga su ejemplo en su vida íntima lo mismo que en su vida ministerial.

Me parece que el obispo Bonny no podrá ordenar sacerdotes a varones casados