Todos los reformadores de las cajas de ahorros (PSOE, PP, Banco de España y cajeros con ansias de glamour) aseguraban que el proyecto que el viernes 9 aprobó el Consejo de ministros no modificaría la naturaleza social de las cajas de ahorros. Pero por pura coincidencia, en cuanto se ha aprobado el anteproyecto de ley se han quitado la careta y han hablado de privatización de las cajas de ahorros, de su conversión -pura, dura, obligada y forzosa- en bancos.

Zapatero, faltaría más, ha presentado esta barbaridad como la reforma más importante de la historia bancaria española. Probablemente tiene razón. Es la barbaridad más grande y más profunda que podía haberse perpetrado en toda la historia de la banca española, cuya gloria, precisamente, no son los bancos sino las cajas de ahorros, el gran invento de la Iglesia para combatir la usura. Todo ello producto del consenso más idiota que recuerdan los tiempos. Retazos:

1. Aseguran los consentidores que han despolitizado las cajas de ahorros.

Pero despolitizar no es privatizar. Lo que han hecho es deslocalizar el crédito, una estupidez soberana de la que todos nos vamos a arrepentir. Lo que han hecho es cambiar a los políticos locales por políticos nacionales que ejercen su control sobre la banca a través de la regulación y del gobernador del Banco de España, nombrado por el Gobierno.

2. He llegado a oír la tontuna egregia de que las cajas que no desean cambiar de estatus pueden quedarse en la emisión de cuotas participativas. Miren ustedes, las cuotas terminarán por tener derechos políticos en breve plazo.

3. La renovación de cajas de ahorros va acompañada de fusiones aceleradas, con lo que se desgaja las cajas de ahorros de sus zonas de cobertura. Insisto: se deslocaliza el crédito que es lo peor que podría ocurrir.

4. Con esas fusiones habrá menos cajas y mucho más grandes, es decir, más ingobernables y más tendentes a la banca de inversión y a la especulación. Las cajas no han entrado en crisis por ser cajas ni por ser pequeñas sino, precisamente, por comportarse como grandes bancos de inversión.

5. Con la reforma de las cajas podrán tener recursos propios. Otra chorrada. El negocio bancario no consiste en aumentar los recursos propios sino en reducir la morosidad. Un buen banquero no es el que reúne capital -eso no depende de su capacidad de gestión sino de su dimensión y poder- sino aquel que recibe un dinero con una mano y lo presta con la otra... y consigue que el prestatario se lo devuelva en tiempo y forma para satisfacer al depositante.

Si todos los mercados financieros quieren guiarse por el coeficiente de Recursos propios es, sencillamente, porque impera la especulación financiera y el apalancamiento, esto es, los dos causantes de la crisis. Suprima una norma injusta y peligrosa y habrá suprimido esa artificial necesidad de recursos propios.

6. Al privatizar las cajas existe el peligro cierto de corrupción generalizada por dos vías. Corrupción de los directivos de cajas de ahorros. En cuanto oigan ustedes que se empiezan a otorgar opciones sobre cuotas participativas agarren sus carteras. La otra vía es la de las ventas de industrias filiales, pero eso merece comentario aparte.

7. Lo más grave de todo: el actual proceso de privatización de cajas de ahorros viene acompañado de otro tópico global: las cajas de ahorros no deben participar en la industria. No es la primera vez que recuerdo la lista de empresas estratégicas españolas que dependen del sostén accionarial de las cajas de ahorros. Alemanes franceses e italianos han decidido no privatizar sus empresas estratégicas, por lo que son inopables, mientras Gran Bretaña y Estados Unidos controlan los mercados financieros donde operan los fondos que controlan dichas empresas. España no tiene mercados financieros de referencia y ha privatizado. Tenía cajas de ahorros y su alejamiento de la industria con tan progresista reforma, supone que nuestro país se va a convertir en un páramo industrial en cuatro días.

8. La obra benéfico social. Digan lo que quieran, la conversión de las cajas de ahorros en bancos representa el fin de la obra benéfico-social. El  accionista, no quiere salvar a los pobres: quiere que le den el dinero a él, como es lógico.

Una reforma histórica, históricamente estúpida, producto del consenso más necio que vieron los tiempos: el consenso de los idiotas.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com