Hacía tiempo que el presidente del Grupo Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, no se prodigaba tanto por España. Hasta hace medio año, España era un terreno que cedía gustoso al CEO de Iberdrola España, a su segundo, Mario Ruiz-Tagle.
Pero ahora las cosas han cambiado. El Sanchismo ha entrado en agonía, o así lo piensa Galán, y, como siempre, adelantándose a los demás, Don Ignacio Sánchez ha enlazado con el futuro presidente del Gobierno -creo- Alberto Núñez-Feijóo. Y se está entendiendo bien con él, porque Galán cuando quiere puede resultar un tipo simpático.
Por eso, el pasado martes, se marcho a Valencia, a hacer valer a un PP desnortado tras la salida de Mazón, otra pieza de caza del Sanchismo. Todo ello en un muy solemne acto en el Levante y y ante las cámaras y comprando todos los espacios televisivos posibles, junto al presidente de la Generalitat valenciana el pepero Juan Francisco Pérez Llorca. Allí, Galán cortó la cinta de salida, o de finalización, que lo mismo da, del Plan Il-lumina, que no es otra cosa que el refuerzo de la infraestructura eléctrica de Iberdrola en la provincia de Valencia y el autobombo de la compañía... la primera que acudió tras la tragedia de la DANA, si ustedes me entienden.
Acto egregio que coloca de nuevo a Galán en el proscenio del mercado eléctrico español, justo cuando su grupo retrocede en Estados Unidos, que a Donald Trump no le gustan los que presumen de verdes, y justo cuando supone Galán que Sánchez va a ser finalmente sustituido por Feijóo en Moncloa.
Resumiendo: En la agonía del Sanchismo, el hombre de Iberdrola cambia al PNV y al PSOE por el PNV y el PP (el PNV no puede faltar jamás. Los otros son los importantes pero el PNV es la bisagra).
Además, ahora sí que al internacionalista Galán, aquel al que el mundo se le quedaba pequeño, le vuelve a interesar España. Las renovables han pasado a la historia, es el momento de las redes, que no tienen mucho de sostenibles, sólo de necesarias.
Galán y Feijóo: amigos para siempre.