El otro día decíamos en Hispanidad que, de los 160.000 trabajadores de banca, sobran 100.000 si se aplica la IA. El proceso ya está en marcha, aunque llevará más tiempo del que le gustaría a algunos, y afecta también, como es lógico, a las oficinas bancarias.

No hay presentación de resultados en la que los principales banqueros de nuestro país insistan en la importancia que tienen para ellos las sucursales. Es lo que les diferencia de los neobancos y permite atender cara a cara a los clientes, algo que nunca podrá ser sustituido por una máquina, por muy perfecta que sea.

Eso está muy bien, no obstante, y aquí viene la paradoja, mientras afirman esto, los seis grandes bancos continúan cerrado oficinas. Concretamente, 440 desde junio de 2025 hasta el mismo mes de este año. Por primera vez, Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell, Unicaja y Bankinter bajan de las 10.000 sucursales en España (9.984 oficinas), frente a las más de 13.200 que tenían en 2020.

En definitiva, las sucursales son imprescindibles para los grandes bancos, pero cada vez hay menos. Y en este proceso tienen mucho que ver las prisas por implantar la inteligencia artificial. Efectivamente, la IA permite hacer más con menos, pero en esa ecuación siempre pierden los mismos: los clientes. Y no sólo los más analógicos. Mientras tanto, las entidades continúan con su escalada de beneficios milmillonarios: 20.164 millones hasta junio, más que todo el sector en Francia.