Vivimos dentro de un contexto geopolítico en el que ha cobrado más relevancia la energía y se ha puesto en valor la garantía de suministro, y para esto último son esenciales los ciclos combinados. Se trata de centrales de producción eléctrica que transforman la energía del gas natural en electricidad y destacan por su elevada disponibilidad para el sistema energético. Por ello, no sólo son claves para garantizar el suministro, sino también para la penetración y la operación sostenible con las energías renovables.

En España la penetración y el desarrollo de las renovables han sido muy elevadas por su abaratamiento, la disponibilidad de recurso renovable (sol,viento, agua…) y la sostenibilidad medioambiental, y las últimas previsiones del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) hablan de porcentajes superiores al 80% de generación renovable en el mix eléctrico de 2030. Son tecnologías con grandes ventajas ambientales y fundamentales para la transición energética, pero su naturaleza intermitente y dependiente de las condiciones meteorológicas plantea desafíos para la estabilidad del sistema eléctrico.

Por todo ello, dicho sistema necesita disponer de generación flexible que garantice la seguridad de suministro al aportar potencia firme de respaldo y es ahí donde las centrales de ciclo combinado tienen un papel fundamental. Además, contribuyen en el impulso de la transición energética al permitir y favorecer la mayor penetración de renovables; haber desplazado a las centrales de carbón, reduciendo las emisiones; y están preparados para funcionar con gas renovable.

El sistema necesita disponer de generación flexible que garantice la seguridad de suministro al aportar potencia firme de respaldo y es ahí donde las centrales de ciclo combinado tienen un papel fundamental

Para un suministro de energía seguro durante todas las horas del año, el sistema eléctrico necesita complementar las energías renovables con tecnologías de respaldo firmes y flexibles, que estén disponibles para reemplazarlas con seguridad cuando se pone el sol o deja de soplar el viento. Aquí es donde entran los ciclos combinados, cuya producción se adapta con arranques, paradas, subidas y bajadas de carga para completar la generación renovable, sin sustituirla. A medida que se ha ido incorporando potencia renovable al sistema, la producción ordinaria de los ciclos se ha reducido, pasando a especializarse casi en exclusiva en atender los picos de demanda y los episodios de falta de viento o sol.

Los ciclos también son un facilitador para que puedan existir renovables y nucleares: cubren las puntas y valles que provocan las renovables y que no cubren las nucleares. Y es que tienen una capacidad de cobertura de la demanda muy alta por su gran flexibilidad y capacidad de respuesta, convirtiéndose en ‘salvavidas’ del sistema eléctrico cuando otras tecnologías de generación no están disponibles dado que en nuestro país aún no hay un gran desarrollo del almacenamiento energético. De hecho, sin los 25.000 MW de potencia flexible que aportan los ciclos no se podrían haber alcanzado los niveles actuales de penetración de renovables.

El papel de ‘salvavidas’ o ‘bombero’ del sistema eléctrico que tienen los ciclos combinados se puede ver muy bien, por ejemplo, en los de Naturgy, que en 2025 registraron más de 3.000 arranques, cuadruplicando los de 2019. Las instalaciones se han adaptado para ofrecer el servicio de regulación de potencia y adecuarse a la demanda en tiempo real, con tiempos de incorporarse al sistema eléctrico que oscilan entre una y dos horas. Una adaptación a una operativa más compleja y exigente, con cada vez más arranques y paradas, que ha supuesto mayores costes de operación y mantenimiento, así como un aumento de las inversiones necesarias para garantizar la respuesta que requiere el sistema eléctrico.

En el conjunto del año 2025, la producción de los ciclos alcanzó los 37,5 TWh, representando casi el 17% de la generación nacional. Naturgy cuenta con 17 instalaciones

Los ciclos combinados demostraron su gran capacidad de respuesta para aportar condiciones de seguridad al sistema en 2025, cuando fueron claves en la reposición del suministro tras el apagón que vivió la Península Ibérica el 28 de abril. En el conjunto del año 2025, la producción de los ciclos alcanzó los 37,5 TWh, representando casi el 17% de la generación nacional; y en el mes de octubre fueron la primera tecnología en el mix eléctrico, con una aportación del 23,6% de la generación nacional.

En todo esto contribuye Naturgy, que es el principal operador de ciclos en España al tener un parque de 17 instalaciones, las cuales suman una potencia conjunta de 7,4 GW y están a disposición del mercado mayorista de energía (OMIE) y del operador del sistema (REE), con una tasa de disponibilidad superior al 98% en 2025. Un porcentaje que refleja su flexibilidad, buen estado de conservación y alta disponibilidad, así como el rol estratégico que han asumido los ciclos para dar soporte al operador del sistema en los trabajos de control de voltaje, responde a las contingencias y facilitar la progresiva penetración de las renovables.

La energética tiene 17 ciclos combinados en perfecto estado, gracias a las importantes inversiones (alrededor de 100 millones de euros) que reciben cada año. En 2025, debido al mayor nivel de funcionamiento, sus inversiones ascendieron a 120 millones. Cabe recordar que dichas instalaciones se diseñaron y construyeron hace más de dos décadas, con una previsión de horas de funcionamiento menor y el modo de operación era más continuo, por lo que Naturgy trabaja de forma intensa para adaptarlas a las nuevas circunstancias del mercado.

Una muestra de ello se puede ver en el plan estratégico 2025-2027 de la compañía, que prevé unas inversiones de 300 millones en la operación y mantenimiento de las centrales de ciclo combinado. Asimismo, ha creado una instalación innovadora y pionera a nivel mundial: el Centro de Control Remoto, ubicado en la central de ciclo combinado de Sagunto y desde el que puede gestionar todo el parque. Además, ha realizado pruebas con gas renovable, una línea de trabajo muy relevante de cara al futuro de unas instalaciones que hoy son esenciales para garantizar el suministro eléctrico.