En el sector del cava, no sólo hay movimiento respecto a la caída de su prestigio y el impulso de los vinos espumosos, sino también en la propiedad de sus empresas. Si hace unas semanas, el grupo alemán Henkell se hizo con el 100% de Freixenet, ahora el protagonismo recae en Raventós Codorníu, controlado por el fondo de inversión estadounidense Carlyle, que hace casi un año ya daba por cumplido su ciclo en la compañía y quiere salir sí o sí. Sin embargo, al no lograr ofertas por su participación total (que es del 68%), ahora se abre a trocear el 'pollo' (es decir, el fabricante de cava y vino más antiguo de España, según informa El Economista. De esta forma, Carlyle refleja el convencimiento muy extendido en el mundo anglosajón de que la suma de las partes vale más que el todo. Además, vuelve a los orígenes de los fondos de inversión, apostando por un comprador que esté dispuesto a hacer la operación usando deuda y que para cubrirla se usen los activos de la empresa como garantía (movimiento denominado leverage by out).

Recuerden que el fondo de inversión estadounidense controla el 68% de Codorníu desde 2018 aprovechando divisiones en la familia fundadora. En ese momento, el 100% de la compañía catalana se valoró en 390 millones de euros (incluyendo la deuda), por lo que un 68% suponía 265,2 millones. Tras años algo difíciles por el impacto de la sequía y el menor consumo de bebidas alcohólicas, el fabricante de cava y vino ha mejorado los resultados de sus últimos ejercicios, pero aún no tanto como deseaba Carlyle. De hecho, en octubre de 2023, el CEO, Sergio Fuster, ya apuntó que tardarían más de lo previsto en alcanzar una facturación anual de 400 millones, que era el objetivo a medio-largo plazo que se fijó el fondo cuando tomó el control. También hay que tener en cuenta que en los últimos años no ha habido reparto de dividendos y que Carlyle no está teniendo buenos resultados con sus inversiones en Europa. 

En marzo de 2025, Carlyle barajaba todas las opciones (desde seguir o salir a bolsa), según refirió Fuster en una entrevista en El Economista, pero tres meses más tarde, al fondo se le acabó la paciencia y se cansó de esperar, anunciando que ponía a la venta su 68% de Codorníu. El problema es que pide un precio demasiado caro por su salida (entre 700 y 750 millones), es decir, casi tres veces más de lo que le costó entrar en 2018,... y aún no ha encontrado comprador. Por eso, ha pasado a un plan B: vender por trozos el 'pollo', o sea, en este caso Codorníu,... y así tener más fácil encontrar compradores de cada parte (el cava, los vinos riojanos, las bodegas fuera de España -EEUU y Argentina-, entre otras) y poder desinvertir pronto.

No hay que perder de vista que se han acercado algunos interesados (García Carrión y Henkell -ahora dueño del 100% de Freixenet-, entre ellos), pero el precio es demasiado elevado y hay mucha incertidumbre en el mercado (y más ante el contexto geopolítico actual agravado por la guerra de Irán). Asimismo, aún queda por ver si Carlyle aún está dispuesto a extender su presencia en Codorníu y refinanciar los 190 millones de deuda con diferentes entidades bancarias que vence en 2027... o si los nuevos compradores entran en el fabricante de vino y cava usando también dicho apalancamiento. Es decir, hacerlo a través del leverage by out: una compra apalancada que consiste en adquirir una empresa a través de una cantidad significativa de dinero prestado (deuda) para cubrir el costo de adquisición, utilizando generalmente los activos de la empresa objetivo como garantía,... y dicha deuda se amortiza con los flujos de caja de la compañía adquirida, lo que permite a los inversores (en su gran mayoría, fondos de inversión) maximizar la rentabilidad con una inversión mínima de capital. 

Codorníu tuvo una facturación de 195 millones en su último ejercicio fiscal (de julio de 2024 a junio de 2025) y el resultado bruto de explotación (ebitda) alcanzó el récord de 44 millones. Estas cifras aún están lejos de los 400 millones de ingresos que se fijó Carlyle como objetivo a medio-largo plazo y también de una rentabilidad de 70 millones que Fuster refirió para 2030. Y al fondo de inversión estadounidense, que también está presente en Moeve (antes Cepsa) donde controla un 38,5%, se le ha empezado a acabar la paciencia.