En este contexto de crisis mundial que vive el sector del automóvil, algunos fabricantes lo están sorteando mejor (Ferrari) que otros (Volvo CarsGeneral Motors, Ford y Mercedes-Benz), algo que también se está notando entre los productores de componentes (Michelin). Y Renault no acaba de arrancar y entrar en el primer grupo, pese a lograr más ingresos y ventas en 2025, pues por culpa de Nissan ha tenido unas pérdidas de 10.931 millones.

Recuerden que el fabricante automovilístico francés controla el 36% del capital del grupo japonés (incluido un 18,7% depositado en un fideicomiso pendiente de desinversión), pero sus derechos de voto están limitados al 15%. Y dicha participación está afectando notablemente a sus resultados: ya se vio en el primer semestre del año pasado, cuando Renault tuvo unos números rojos de 11.185 millones por culpa de Nissan… aunque sin este último habría ganado un 31% menos, pasando de 1.469 millones a 461 millones.

Ahora se ha vuelto a ver el negativo impacto de la participación en el fabricante automovilístico japonés, aunque con unas pérdidas algo menores a las de hace unos meses: en concreto, de 10.931 millones, pero lejos de los 752 millones ganados en 2024, los últimos con el italiano Luca de Meo como CEO (ya saben que meses después dio un volantazo a su trayectoria y entró en el sector del lujo al ponerse a los mandos de Kering) y que fueron un 65,8% inferiores a los de 2023. Eso sí, sin Nissan, Renault habría obtenido un beneficio neto de 715 millones en 2025 y de 2.762 millones en 2024, superando el de 2.281 millones registrado en 2023. Ya saben que Nissan lleva meses en reestructuración y anunció 20.000 despidos (15% de la plantilla), cierres de siete plantas, rebaja del 40% en la producción, cambio de CEO, venta de su sede central y de su planta en Sudáfrica. Ahora parece que va algo mejor, pues recientemente ha mejorado las previsiones para el ejercicio fiscal que cerrará el próximo marzo. 

Volvamos a los resultados de 2025 del grupo Renault. Las pérdidas han pesado más en la cotización, que baja más de un 4%. Sin embargo, los ingresos sí han dado algo de alegría porque han crecido un 3%, hasta 57.922 millones, gracias a sus tres marcas complementarias (la que le da nombre, Dacia y Alpine), el plan de desarrollo internacional y la electrificación de la gama. Parte de los ingresos se deben al aumento de las ventas en un 3,2%, a 2,3 millones de unidades, muy por encima del alza registrada en el sector (+1,6%). Y destacan las fuertes subidas de ventas en Europa (+11,7%) e Hispanoamérica (+11,3%), y en los países de Corea del Sur (+56%) y Marruecos (+45%).

Por su parte, el margen operativo se ha situado en 3.632 millones, 631 millones menor al del año anterior, sobre todo, debido al impacto negativo del tipo de cambio, y la cifra supone el 6,3% de los ingresos, frente al 7,6% de hace un año. El resultado de explotación ha pasado de 2.576 millones a -7.867 millones. Y el resultado neto ha sido de unas pérdidas de 10.931 millones, como ya se ha comentado.

Tras estos resultados, Renault ha supuesto un dividendo estable de 2,20 euros por acción... algo que tampoco ha hecho demasiada gracia a los inversores. 

El CEO, François Provost, quien ostenta el cargo desde el pasado 31 de julio, ha señalado que la nueva estrategia industrial se conocerá el próximo 10 de marzo y este año habrá varios lanzamientos de nuevos modelos (sobre todo, eléctricos e híbridos). Y para España parece que habrá buenas noticias, porque Provost ha señalado que “nuestras fábricas españolas (las de Palencia y Valladolid) son competitivas, de alto nivel y con una calidad constante. Hay que tener en cuenta que actualmente el coste de producción en España es inferior al de antes del Covid. Eso nos hace valorar muy en serio que se asigne a España la producción de un modelo eléctrico del segmento C a partir de 2028”.