
Ebury es una tecnológica fundada en Reino Unido por españoles, se dedica a sistemas de pago y servicios bancarios. El Santander es el socio mayoritario y busca el 100 por 100 del capital.
Más: como ya informara Hispanidad, Ana Botín ha cerrado el acuerdo con las autoridades norteamericanas: el Webster Bank ya es suyo y el banco cántabro se ha convertido en uno de las grandes entidades estadounidenses.
Por cierto, ello ha exigido una ampliación de capital de 3.560 millones de euros. El 65% se pagará en efectivo y el resto en acciones del Santander. Puede que, como asegura el banco, crezca el beneficio por acción pero, en un principio, la operación resultará dilutiva. Y con todo respeto, si de algo no puede presumir el Santander es de tratar demasiado bien a los accionistas.
En todo caso, la entrada en el mercado norteamericano merece aplauso. BBVA no consiguió mantenerse y se marchó. Botín está diversificando geográfica y temáticamente, y eso es bueno. Está reforzando Openbank, su banco digital; entra en medios de pago y tecnología bancaria y con la entrada en un banco de empresas como es el Webster no sólo consigue estar en países de moneda fuerte (Estados Unidos y Reino Unido, por ejemplo) sino en países con márgenes amplios (México) o con potencial de crecimiento, aunque con moneda débil (Brasil).
Botín quiere ser neobanco, fintech, presente en países con moneda fuerte, entrar en la banca de inversión, sin renunciar a la unión bancaria... objetivos todos ellos que exigen mucho capital
Ademas, el Santander también es una financiera, excesivamente dependiente del peligro y volátil crédito al consumo.
Ahora bien, el problema de Ana Botín es que el que mucho abarca poco aprieta.
Además de necesitar mucho capital, no se puede competir, todo a un tiempo, con los colegas, dentro de ese lentísimo pero insoslayable, proceso de unión bancaria europea.
En resumen, estamos ante una doble y acelerada diversificación: geográfica y temática... Si Botín no pidiera con todo, debería ralentizar su ardiente deseo de convertirse en una banquera de inversión y, además, el eslabón más débil del Grupo, México, a pesar de sus espléndidos márgenes de negocio, sufrirá los recortes en el Grupo. Y sería un trágala para Ana Botín ahora que ha sido aceptada, bueno, más bien con López Obrador, en el selecto sector financiero mexicano.
Otro reto: sobrevivir a una posible condena de su consejero, Juan Carlos Barrabés. El BCE no dice nada, por el momento, pero la Fiscalía europea no suelta la pieza
A todo ello se unen procesos ya iniciados con anterioridad. Por ejemplo, reducir la dependencia del crédito al consumo.
Digamos que Ana Botín quiere ser neobanco, fintech, presente en países con moneda fuerte, entrar en la banca de inversión, sin renunciar a la unión bancaria... objetivos todos ellos que exigen mucho capital y mucha capacidad de gestión para alguien demasiado amante de los cambios continuos.
Esperemos que le salga todo bien.
Y un último reto, este corporativo: sobrevivir a una posible condena de su consejero, Juan Carlos Barrabés. El BCE no dice nada, por el momento, pero la Fiscalía europea no suelta la pieza. Me consta que a Botín le costó, una vez iniciado el caso Begoña Gómez, elevar a Barrabés de consejero de Santander España a vocal del Consejo de Administración del Grupo. A lo mejor no debió hacerlo.









