Tras el fracaso de la OPA sobre el BBVA no se hablaba de otra cosa que de la posible absorción del banco presidido por Carlos Torres por el banco presidido por Ana Botín.
Por cierto, ¿a Ana Botín le gustaba la idea? Por supuesto que sí. Recuerden: la absorción del Popular, por un euro, no salvó al Popular, salvó al Santander, dotándole de una capacidad de ampliación de capital y de apalancamiento con la que, de otra forma, no podría haber soñado. No digamos nada si se comiera al BBVA.
Además, podría haber vendido al Gobierno Sánchez que, de un plumazo, habría terminado con la reconversión bancaria española.
Incluida la reconversión, que ya ha comenzado, con la inteligencia artificial (IA) que, por si no lo recuerdan, implica una nueva etapa de reducción de plantilla en el sector bancario español. Reducción que ya se está preparando en los cuarteles generales de la gran banca española.
El cambio es este: Ana Botín, tras comprar el norteamericano Webster Bank, ya tiene clara su estrategia... que supone un giro de 180 grados. A saber: la presidente del Grupo Santander no quiere al Sabadell, mucho menos al BBVA. Su objetivo es América, sobre todo Estados Unidos, y en Europa, sólo Reino Unido... porque ya está y porque constituyó el primer gran éxito de su carrera.
Por su parte, Cataluña ha pasado a ser un objetivo de la nueva banca: allí, sólo la banca privada será presencial. ¿Y el sistema de pagos, la principal función de un banco? Por móvil.
Entendámonos: la presencia del Santander en Cataluña es mínima pero es que ahora asistimos al nacimiento de una banca sin oficinas, la banca por teléfono móvil, dejando atrás, definitivamente (¿A que no?) la sociedad analógica. Se cierran oficinas y el sistema de pagos queda en manos de Openbank y similares, de la banca por móvil.
Todo contradictorio y negativo, por supuesto: todos los bancos tienden hacia la banca privada, hacia la administración de fondo y la gestión de activos, pero al mismo tiempo, aún sabiendo que la banca privada precisa atención personal, están reduciendo oficinas y personal, casi a escondidas.
En cualquier caso, a Botín le interesa crecer en Estados Unidos. En España tiene demasiada cuota y las zonas de sombras las cubrirá con el móvil.
Pero es que en Europa también. En América, Botín no renunciará a los buenos márgenes que se obtienen en México y Brasil, donde ya están, pero no piensa crecer en ellos con mucha apertura de oficinas, sólo con móvil. ¿Y en cuanto negocio general? Sólo en Estados Unidos, tierra de oportunidades.
Ergo, Ana Botín ya no quiere ni el Sabadell ni el BBVA. Le gusta hablar inglés.










