Preciosa villa lucense la de Mondoñedo, con catedral austera y una cabeza episcopal de la provincia, primacía compartida con la capital, Lugo. Digamos, una villa no sé si muy religiosa -que no sé si debo juzgarlo- pero sí muy clerical.

Resulta que uno tiene muchos vicios, entre otros, lo de rezar el rosario diariamente a Nuestra Señora Santa María. Entro en una librería-mercería, con dos puertas temáticas, delantera y trasera, y me dicen que sí, que pueden venderme rosarios. Una anciana los extrae de una caja, perdida entre agujas, hilos y encajes, y me los muestra para elegir. Aquello parecían los restos de uno de esos vestidos de lentejuelas que portan las damas en una fiesta de noche de segunda división. Cariacontecido, le explico a la buena mujer:

-¿No tendría alguno menos hortera?

-Sí, son un poco chillones -asegura la aludida- pero comprenda que la gente los utiliza como collares y claro…

-Pues mire yo los utilizo para rezar.

-¡Ah! ¿Usted los quiere para rezar, como se hacía antes?

-Más o menos.

-Es decir, ¿que usted es de los que reza el rosario, como antes?

Me veo obligado a reconocerle que sí. Soy un tipo extraño que utiliza las cuentas del rosario para rezar las avemarías del rosario.

Pero estoy ante una mujer de mundo, tolerante, plural y abierta a todo tipo de mentalidades, que, con sabiduría rural y ancestral, sentencia:

-Pues eso está muy bien.

A continuación me muestra un rosario un tanto feo pero, de los de antes, de los que son para rezar el rosario. Me lo cobra caro, pero hay que comprender que se trata de una antigualla y las antigüedades poseen el inconmensurable valor de haber superado el paso del tiempo.

Y lo pagué con mucho gusto, vaya que sí.

Utilizar un rosario como collar no supone otra cosa que la paganización de España. Una sociedad pagana es aquella que anda sobrada de religión y escasa de caridad. Y créanme: el Cristianismo se mueve como un turismo en un pantano, esto es, con gran dificultad en tan religiosos ámbitos.

Eulogio López

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