Escucho a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, asegurar que la violencia es masculina. ¿Y el aborto, quirúrgico y químico, no es violencia? Porque, aunque es cierto que el aborto es cosa de dos, en él la protagonista directa, la que consiente en el crimen, es la mujer, que renuncia a ser madre. Y el aborto constituye la principal violencia de género, de género primordialmente femenino. Y violencia perpetrada contra el ser más inocente y más indefenso, aún más inocente e indefenso que la mujer respecto a la violencia machista. ¿Seguro que la violencia es cosa de hombres? A lo mejor, simplemente, es que cada sexo tiende a utilizar las armas en las que es más ducho: el varón, el músculo. Por otra parte, la crueldad del aborto es inconmensurable. Escuchen a Juan Pablo II el Magno. Sin duda, el aborto constituye la tragedia de nuestro tiempo. Hispanidad [email protected]