Entre el 6 y el 12 de junio, España volverá a vivir uno de los momentos de relevancia nacional de sus últimos años. El papa León XIV realizará un viaje apostólico que le llevará a Madrid, Barcelona y Canarias, poniendo fin a una ausencia papal que se prolongaba desde hacía quince años.
Durante el pontificado de Francisco se habló sobre una posible visita a España que nunca llegó a producirse y nunca quedaron del todo claras las razones. Por eso, la decisión de León XIV de dedicar una semana completa a nuestro país no solo es una visita, que ya es, sino que se ha convertido en un símbolo de gratitud para todos los españoles. Si nos fijamos en la agenda programada, vemos que no se trata de una visita protocolaria ni de una escala rápida dentro de una gira internacional. Si no que se trata de un viaje cuidadosamente diseñado, con más de veinte actos oficiales, encuentros multitudinarios y un claro contenido pastoral.
Sugiero repasar la actividad prevista y publicada por la Santa Sede para comprender cuáles son las prioridades del Pontífice. Su lema para este viaje, Alzad la mirada, nos invita a recuperar la esperanza en una sociedad frecuentemente atrapada por el desencanto, la polarización y la incertidumbre.
Madrid será el escenario de los grandes encuentros institucionales y juveniles. León XIV se reunirá con los Reyes de España y mantendrá otros contactos diplomáticos, como la recepción en la Nunciatura Apostólica, con Pedro Sánchez. Además, protagonizará actos dirigidos especialmente a los jóvenes. Pero si alguien pensara que el encuentro con los jóvenes es una mera formalidad, se equivoca, porque León XIV, sabe que el futuro de la Iglesia y de Europa pasa por las nuevas generaciones. En un continente envejecido, necesitado de referencias y de sentido, y el mensaje cristiano vuelve a dirigirse a quienes deberán construir el mañana.
Barcelona representará otra dimensión esencial de su pontificado: la revitalización de la fe vivida a través de la belleza, la piedad y la caridad. La celebración en la Basílica de la Sagrada Familia y la inauguración de la Torre de Jesucristo constituyen acontecimientos de enorme significado espiritual y cultural. La fe cristiana no solo se transmite mediante discursos; también lo hace mediante el arte, la arquitectura y el servicio a los demás, precisamente el semillero de crecimiento de la Iglesia a lo largo de su historia.
Finalmente, en Canarias dará lugar a una de las preocupaciones más constantes de León XIV, la cuestión migratoria, una de las lacras provocadas por la mala gestión política de la posmodernidad: la inmigración descontrolada por los gobiernos y la explotación de la esperanza por parte de las mafias que trafican con los seres humanos que llegan a nuestras costas. Porque sí, el Papa está preocupado por la inmigración, pero también ha defendido que un estado «tiene derecho a poner reglas en sus fronteras, porque no todos deben entrar como sea, sin orden y creando a veces situaciones más injustas donde llegan que aquellas que han dejado», convirtiendo este asunto en uno de los ejes principales de su viaje a España.
Cuando el Papa pisa suelo español, las diferencias ideológicas parecen quedar en segundo plano y emerge algo más profundo: la conciencia de pertenecer a la historia de la Iglesia, que no es más que la historia de España
León XIV conoce bien España. Antes de ser Papa, cuando todavía era Robert Prevost y ejercía como superior general de los agustinos, visitó numerosas veces nuestro país. Quienes le trataron recuerdan a un religioso sencillo, cercano y profundamente humano, divertido y que ríe a carcajadas en el trato directo con los que comparten vida con él. Según relata la periodista Almudena Hernández en su reciente biografía León XIV, el león de la paz, disfrutaba recorriendo las calles de Madrid acompañado por el padre Miguel Ángel Martín Juárez, compartiendo conversaciones y pequeños momentos cotidianos lejos de cualquier protagonismo.
Probablemente, este viaje despertará en él muchos recuerdos personales. Pero también le permitirá reencontrarse con una realidad que conoce bien: una España secularizada, ciertamente, pero que conserva profundas raíces cristianas. Pese a décadas de legislación que en muchos casos ha erosionado la visión cristiana de la persona, la familia y el bien común, España sigue siendo una tierra donde la fe continúa latiendo bajo la superficie de la convivencia y las tradiciones.
El histórico de cada visita papal demuestra que surge una reacción y una experiencia algo difícil de explicar, porque los españoles posemos una espontaneidad especial para manifestar afecto. Ya ocurrió con san Juan Pablo II y con Benedicto XVI. Y es que cuando el Papa pisa suelo español, las diferencias ideológicas parecen quedar en segundo plano y emerge algo más profundo: la conciencia de pertenecer a la historia de la Iglesia, que no es más que la historia de España.
Además, León XIV está demostrando una cualidad particularmente apreciada por muchos fieles, porque habla sin ambigüedades. En un tiempo de confrontaciones ideológicas y geopolíticas complicadas, donde los mensajes y, algunas veces, los discursos conllevan ciertas dosis de amenazas más o menos veladas, nuestro León XIV lo hace con claridad y serenidad, pero también con firmeza. Lo demostró cuando se vio obligado a responder a las declaraciones de Donald Trump, cuando este lo interpeló a raíz de la cuestión nuclear iraní. Sin entrar en confrontaciones personales, recordó con sencillez que la misión de la Iglesia es anunciar el Evangelio y defender la paz, y que la doctrina católica mantiene desde hace años una posición inequívoca contra las armas nucleares. Su respuesta fue directa y profundamente coherente con la tradición de la Iglesia y que tras ella, no hubo réplica.
Quizá por eso tantos católicos contemplamos este viaje con ilusión. No solo porque llega el Papa. También porque llega un pastor que parece decidido a ejercer plenamente como tal. Un hombre que no busca dividir a los fieles ni crear confusión, sino confirmar en la fe, fortalecer la esperanza y recordar que la Iglesia sigue teniendo algo importante que decir al mundo.
España le espera. Y, a juzgar por el entusiasmo que ya se percibe en muchas ciudades, también está preparada para escucharle.
León XIV, el león de la paz 2ª edición (Sekotia) Almudena Hernández. La elección de Robert Prevost como León XIV marca una nueva etapa para la Iglesia en un tiempo de incertidumbre, conflictos y división. Ya en su segunda edición, esta obra analiza la trayectoria humana, espiritual y pastoral del nuevo pontífice, desde sus raíces en Estados Unidos y su misión en Perú hasta su llegada a Roma y su inesperada elección. Almudena Hernández ofrece un retrato cercano de un papa que propone el diálogo, la reconciliación y la unidad como respuesta a los grandes desafíos de nuestro tiempo.
Magnifica Humanitas (Palabra) León XIV. La reciente encíclica sitúa a León XIV en el corazón de uno de los grandes desafíos del siglo XXI: la influencia de la inteligencia artificial sobre la persona y la sociedad. El Pontífice alerta sobre amenazas como la desinformación, el deterioro del pensamiento crítico y la pérdida de capacidades humanas esenciales. El documento examina cuestiones como la automatización del trabajo, la manipulación digital, la vigilancia tecnológica y el uso militar de la IA, proponiendo principios éticos para que la innovación permanezca al servicio de la dignidad humana y del bien común.
La fuerza del evangelio (Romana Editorial) Papa León XIV. Esta novedad es una obra exclusiva que acerca al lector al pensamiento y la espiritualidad de León XIV a través de diez conceptos fundamentales de su pontificado: Cristo, corazón, Iglesia, misión, comunión, paz, pobres, fragilidad, justicia y esperanza. Basado en un texto inédito del propio Papa, el libro revela la profundidad de su fe, su herencia agustiniana y su impulso evangelizador. En sus páginas emerge una visión cristiana centrada en Cristo, fuente de unidad, paz y caridad, especialmente hacia los más vulnerables. Un volumen imprescindible para conocer de cerca al nuevo Pontífice, su mensaje y los pilares espirituales que orientan su misión al frente de la Iglesia.










