
"Se acabó la pesadilla", así lo anuncia The Objective. Se ha impuesto la cordura y los campamentos de Bernedo, Álava, denunciados por delitos contra la libertad sexual de los menores, cierran y no se celebrarán este año, y eso que los organizadores lo han intentado.
Más de un año de investigación y hasta 17 denuncias registradas que siguen su curso. Sabemos que la Ertzaintza investigaba y tenía conocimiento de lo sucedido desde finales de 2024. Pese a ello, la organización continuó su actividad con normalidad.
El 30 de abril de 2025 la Ertzaintza remitió al juzgado toda la información recabada. Sin embargo, el juzgado no respaldó la investigación ni abrió diligencias. Hasta que las familias recurrieron a la prensa, tras lo cual, y a los tres días comenzaron a mover el asunto. La fiscal superior vasca, Carmen Adán, criticó que el atestado policial se hubiera "quedado en un limbo" y no hubiera llegado a la Fiscalía. El juzgado ordenó a la Ertzaintza que identificara a más menores afectados, además de informar a la Diputación de Guipúzcoa de sus derechos como persona perjudicada u ofendida. Y es que, dicha Diputación envió a menores tutelados al campamento en años anteriores. Y ojo, porque Ertzaintza aseguró que la información se comunicó a la Diputación de Guipúzcoa, en manos del PNV, pero que menospreció las advertencias sobre los presuntos abusos sexuales.
Se han llegado a conocer cosas concretas a las que los niños se veían sometidos: "para conseguir la merienda deben succionar el dedo del pie de alguno de los monitores", y "en otras ocasiones debían enseñar las nalgas", o "dar un abrazo a una monitora en toples". Los monitores "bailaban sin ropa alrededor de la hoguera", y "metieron a uno de los menores a bailar, comenzando a llorar por no querer realizar dicha práctica". "Posteriormente una monitora le realizó el baile del perreo de su parte trasera con la parte íntima del menor".










