La Fiscalía ha abierto una investigación contra el obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, a raíz de una denuncia de la plataforma ciudadana Tu pueblo y el mío. Los amables y nada sectarios chicos que conforman la plataforma acusan a Munilla de promover discursos discriminatorios hacia el "colectivo LGTBI". Para entendernos, 'delito de odio'. 

El escrito de denuncia fue presentado en julio y sostiene que el prelado, en distintos medios y programas, ha realizado intervenciones que no se ajustan al amparo constitucional y que podrían vulnerar la dignidad del "colectivo LGTBI". Ahora la Fiscalía Provincial ha iniciado diligencias para decidir si archiva o se lleva a juicio el asunto. 

En concreto, el 3 de mayo 2024 en Radio María, Munilla expresó su opinión sobre la ley aprobada el año pasado en España, en la que se prohíben y penalizan las “supuestas” terapias de conversión, y manifestaba que la norma hacía que "cualquier acompañamiento espiritual para vivir la castidad como cualquier cristiano", fuera tachado de "terapia de conversión". Para la asociación denunciante, estas palabras equivalen a una defensa explícita de prácticas prohibidas como las terapias de conversión dañinas.

Para defender a Munilla, nadie mejor que el propio Munilla, que ha aclarado todo en sus redes sociales, donde ha asegurado que "esto no tiene recorrido judicial" y que lo único que se busca es "amedrentar a la Iglesia para que no se atreva a predicar la Buena Nueva del amor cristiano, para así intentar imponer al conjunto de la sociedad una “antropología de Estado” basada en la “teoría gender-LGTBI”".

El obispo se pregunta si es delito "criticar al Gobierno y sus leyes", porque eso es lo que él ha hecho, y que, por tanto, deberían denunciar también "a todos los parlamentarios que votaron en contra de esa ley en el Congreso". Munilla también destaca la ironía que supone que quienes "defienden la libertad de cambiarse de sexo", prohíban a su vez "a los homexuales solicitar libremente lo que ellos califican como terapia de conversión”. 

En otra de sus explicaciones, monseñor, como ya nos tiene acostumbrados, resume en cuestión de una frase la doctrina de la Iglesia: no acepta la homosexualidad, sí a los homosexuales. Y así lo dice Munilla: "La Iglesia no puede por menos de predicar el Evangelio del amor y de la pureza; y no vamos a dejar de acompañar a las personas con inclinaciones homosexuales que nos pidan libremente ayuda espiritual para vivir en castidad". 

Pero ojo con la última frase del prelado: "Por cierto, yo no he recibido comunicación alguna de esta noticia de prensa, lo cual me hace pensar que hay más interés mediático que judicial". Y es que ahí está la clave de todo. De pocos obispos españoles podemos destacar su valentía, pero Munilla es uno de esos que ni se calla ni se achanta. Y lo ha demostrado en incontables ocasiones. 

Esto molesta sobremanera al Sanchismo: Munilla es un 'verso' suelto, que defiende todo lo que desde La Moncloa, con su cristanofobia y cristofobia, persiguen. Y casualidades de la vida, una plataforma intenta callar a Munilla. 

Oficialmente, se trata de reducir el odio. En la practica, consiste en perseguir al discrepante... o calificarle de negacionista. En suma, si discrepas de mí es porque me odias y, tras convertir el pecado en delito, promulgo el artículo 510 del Código Penal por el que se puede condenar a quien no piensa como yo... alegando que si no piensa como yo es porque me odia mucho. Sí, condena penal con hasta tres años de prisión, ampliable a cuatro. Todo pasando por cargarse la presunción de inocencia. Es el acusado quien debe demostrar que no odia al acusador.

Y cuidado porque sí, Custodio Ballester se libró, lo que le pase a Munilla está por ver, pero el siguiente será el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, otro de esos pocos obispos que ni se achanta ni se calla, otro odiador de tomo y lomo.