
En el mundo okupa cada día encontramos un caso que nos sorprende. Hemos conocido historias que demuestran la caradura y la impunidad con la que actúan: a los okupas les gusta vivir bien, por ejemplo, en un club de tenis o yéndose a Mallorca cuando llega le verano.
El Gobierno y la izquierda los sigue defendiendo como vulnerables atacados por pérfidos rentistas, pero los casos desmontan este planteamiento. Ya lo dejó claro Laura García, portavoz del sindicato policial Jupol: "Estoy en la UPR, he ido a infinidad de desalojos y les doy mi palabra, y casi la de todos mis compañeros, que nunca hemos ido a una casa que esté okupada por personas vulnerables. Casi todo son chorizos, son jetas, son multirreincidentes".
Y el nuevo ejemplo lo vemos en Última Hora que cuenta la historia del Blue Infinity One, un yate de 30 metros de eslora cuyo pabellón es maltés, y que acababa de participar en el Palma International Boat Show, el Salón Náutico Internacional de Palma.
El yate está atracado en la exclusiva Marina Moll Vell y la cuota del atraque pagada hasta el 29 de mayo. Ese día el barco debía salir de la marina de Palma, pero eso no sucedió. La embarcación pertenece a una empresa que lo comercializa como chárters de lujo -por unos 55.000 euros semanales-. Por ello, la empresa llevó el barco al Salón Internacional de Palma, exponiéndolo para conseguir más negocio con el fin de pagar las supuestas deudas que acumula.
Desde el 29 de mayo, la marina está corriendo con los gastos del amarre, generando importantes pérdidas. Como confirma el director, Andy Halcón. "Sientes una gran impotencia. La propiedad, es cierto, ha pagado lo que debía hasta el 29 de mayo, pero desde entonces está generando una deuda y nosotros dejamos de poder explotar ese amarre en un momento importante del año".
Además, como ocurre con las viviendas, ellos tienen que cargar con todos los gastos, puesto que si cortas algún suminustro, puede entenderse como coacción: "no podemos dejarles sin suministro de luz, agua, sin amarre... se podría entender como coacción. Y, mientras, no podemos aprovechar el espacio en el que están ellos". A lo que suman un generador que el barco quemó.
Tal y como cuenta el medio, el pasado 4 de mayo todas las embarcaciones que participaron en la muestra dejaron su sitio, pero el Blue Infinity One, que aún no saben cuándo se irá.
En la Marina saben que la propiedad del yate tiene retrasos de pagos a los miembros de la tripulación, algunos de los cuales están de okupas en el barco, además podría no tener ni registro actualizado ni seguro: por lo que "no se puede mover. Lo que no entiendo es cómo se le dejó llegar a Palma entonces", reflexiona Halcón.
"Nos consta que la tripulación interpuso una reclamación en Malta por impagos, por lo que no le dejaron actualizar su registro y no tiene seguro. Por eso no se puede mover". "Marina Moll Vell no tiene relación ni obligación alguna con el barco tras la celebración del salón", aclara el medio que adelante que estarían estudiando emprender acciones legales contra la otra parte (propiedad, capitán...).










