
La blasfemia es una expresión, palabra o acción injuriosa, irreverente o despreciativa contra Dios, la Virgen María, los santos, la Iglesia o elementos considerados sagrados, y eso es exactamente lo que hace continuamente la cantante Rosalía con todo lo relacionado con su disco. Los obispos no supieron verlo y, por ejemplo, la Conferencia Episcopal Española (CEE) le dio un premio, y otro ejemplo, el presidente de la CEE, habló de que esto era "la nueva espiritualidad".
Luis Argüello no estuvo muy acertado, y por si hay alguna duda, va la catante catalana y toma como constumbre montar un confesionario en cada concierto. Rosalía se mete en uno de los lados, con su celosía característica de confesionario, para que todo sea real. Al otro lado, un famoso o un fan, que 'confiensan' sus secretos y, sobre todo, su experiencia con algún ex.
La 'gracia' de Rosalía es que esas personas que suben al escenario a confesarse cuentan un mal de amor, todo para anunciar el paso a 'La Perla', la canción de su disco que más repercusión ha tenido y que cuenta exactamente eso, un desengaño amoroso:
"Él es tan encantador
estrella de la sinrazón
un espejismo
medalla olímpica de oro al más cabrón
tienes el podio
de la gran desilusión
La decepción local
rompecorazones nacional
un terrorista emocional
el mayor desastre mundial"
Así suena el estribillo, pero la 'gracia' resulta que es una blasfemia en toda regla, aplaudida por Luis Argüello.
Pero lo cortés no quita la valiente, Argüello se equivocó con Rosalía, pero ha acertado con el Gobierno. El presidente de los obispos acusó al Gobierno de “intervenir” la vida civil y de guardar silencio sobre el informe de la pederastia que la CEE había elaborado. Estas críticas han valido a La Moncloa, en especial, al ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, para cargar contra Argüello, cuando, en esta ocasión, este último acierta de pleno.












