Alrededor de 700 inmigrantes ilegales se han mudado de la playa del Trampolín a la de Benítez. El arenal, separado del Trampolín por una planta desaladora, funciona como un segundo poblado. Según recoge Rubén Pulido en La Gaceta, chabolas de cañas, cartones y telas, uso de las duchas públicas y un ir y venir constante de materiales para levantar nuevas estructuras.
Quienes viven cerca de Benítez detectan altercados frecuentes, peleas entre ocupantes y ruidos que se alargan de madrugada. «No se puede descansar», resumen varios. Temen que Benítez se amplíe hacia la playa o el área limítrofe que todavía permanece más despejada y que la ocupación en esta zona supere incluso la que ya concentra el Trampolín.
La proximidad a las duchas y al punto de reparto de Cruz Roja ha acelerado el traslado desde otros puntos de la ciudad. Los vecinos reclaman el desalojo urgente por el riesgo para una infraestructura crítica de agua potable junto a los residuos que estos asentamientos generan, pero el campamento sigue creciendo.