
Madrina insiste en la importancia de la lactancia materna, para la alimentación del bebé, pero también para la madre. Además, destaca la fundación, la lactancia tiene beneficios para la sociedad y las empresas: reduce el absentismo laboral en las madres hasta en un 35%. Recordemos que en España, el absentismo laboral se ha disparado al 7% hasta marzo: 326.000 personas no van a trabajar cada día, sin baja médica.
En el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, la Fundación denuncia el alarmante aumento del uso de leche artificial por encima de la media europea, un fenómeno intrínsecamente ligado a la creciente pobreza infantil y la inseguridad alimentaria que azotan a miles de familias. Con más de un millón de niños que sufren inseguridad alimentaria y una de cada cuatro familias con menores viviendo en situación de vulnerabilidad –lo que suma más de 1,2 millones de hogares–, España ostenta, lamentablemente, el mayor ratio de pobreza infantil de Europa. Esta dramática situación se agrava por la mala nutrición de las madres embarazadas en entornos vulnerables, lo que impacta directamente en la capacidad y la duración de la lactancia materna natural.
·Menos de la mitad de los bebés en España reciben lactancia materna exclusiva durante los primeros meses, una cifra que contrasta drásticamente con generaciones anteriores y que nos aleja de los objetivos de salud pública.
·España invierte apenas un 1,3% de su PIB en políticas de familia e infancia, una de las cifras más bajas de Europa, mientras la pobreza infantil sigue escalando.
·Para Madrina, España debería invertir el 7% de su PIB en infancia y maternidad para salir de las cifras de pobreza infantil extrema.
Se podría concluir con mucha probabilidad, explica Madrina, que las generaciones presentes presentan menos desarrollo neuronal y cerebral que las pretéritas, debido a una mayor alimentación artificial.
Entre las medidas para mejorar la lactancia materna, la fundación propone: Incrementar la Inversión en Infancia y Maternidad: Aumentar la inversión pública destinada a políticas de infancia y maternidad hasta alcanzar, al menos, el 7% del PIB. Que el coste de la maternidad lo asuma el Estado y no las empresas. O la implementación del Salario Base Maternal Universal: Establecer un salario base maternal para cubrir las necesidades básicas de alimentación, higiene, transporte y educación infantil durante los primeros dos o tres años de vida del menor, garantizando la digna crianza y el posterior retorno al mundo laboral.
En este último punto venimos insistiendo en Hispanidad, -como escribía ayer Rocío Orizaola- apostando por el salario maternal para que toda mujer que tenga un hijo, desde el embarazo hasta la independencia del retoño (18 años), reciba un salario que no debería ser inferior a la mitad del salario mínimo interprofesional (SMI). Sí, más o menos como el ingreso mínimo vital (IMV) para una persona sin hijos (ahora en los 450-600 euros). La maternidad es el verdadero factor de discriminación en el mundo laboral, el techo ya no de cristal, sino de cemento para una mujer-madre.
Recordemos que en España se conceden 100 euros por niño desde el parto hasta los tres años, mientras la mujer no deja de criar, ser madre y cotizar a la Seguridad Social, al tiempo que aporta futuros trabajadores. Todo esto ocurre en la mayoría de casos previa contratación de otra mujer que es quien cuida a los niños, por la que también se aporta a la Seguridad Social.
Un salario maternal en las condiciones mencionadas saldría en España por 12.000 millones de euros anuales, es decir, sería muy caro. Aunque claro, es menos que un sólo pago de las 14 mensualidades que nos cuestan las pensiones contributivas, que ya superan los 13.000 millones de euros mensuales.












