Escribía san Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei, hace ahora justo 60 años, un 19 de mayo de 1966, lo siguiente: "Atravesamos una época en la que los fanáticos y los intransigentes, incapaces de admitir razones ajenas, se curan en salud, tachando de violentos y agresivos a los que son sus víctimas". 

Jamás he leído un mejor resumen del Sanchismo. Ejemplo, aseguran en Moncloa, ultra es todo aquel que no piensa como yo. Mismamente, los católicos, así que tengo que marginarlos porque me quieren agredir.

Pedro Sánchez Pérez-Castejón aún no había nacido cuando San Josemaría se refirió a él, lo hizo seis años después, pero, caramba nunca había leído, en una frase, un resumen más atinado del Sanchismo. 

El presidente del Gobierno se nos muestra como una pobre víctima de la pérfida España conservadora y ligeramente fascista. Con la Iglesia, siempre de derechas, como todo buen progresista sabe, emplea otra técnica para el mismo principio: hay que cambiarla para hacer del Cuerpo Místico una imagen progre, que comparta nuestros mismos valores, ¡oh sí!, hasta convertir a la Iglesia en una ONG. 

Porque el Sánchez es un bicho venenoso, pero no es tonto. Sabe que la voz de la Iglesia, hoy como ayer, e independientemente de que Juan Español parezca haberse olvidado de Dios, sigue influyendo en las conciencias.

En todo caso, el principio general continúa siendo el mismo: el que no piense como yo es un ultra, por lo que echo sobre él toda la fuerza del Estado, pero, eso sí, lo hago porque me está agrediendo. Como dicen los niños, él empezó primero. O como recuerda ese gran pensador llamado Mortadelo, el clásico del comic español: "castigado por golpear al contrario con el ojo en la rodilla".

Y este espantajo ultra de Moncloa, funciona. Siempre recordaré aquella entrevista callejera:

-¿Usted está favor o en contra del PIN parental?

-En contra, por supuesto.

¿Pero usted sabe lo que es el PIN parental?

-No, pero lo propone Vox, que son unos ultras.   

Pues eso: que el fanatismo progre se cura en salud y asegura que todo aquel que discrepe de Moncloa y Ferraz es un fascista, un ultra, que, como tal ultra, carece de derechos. Y que si le agreden con toda la fuerza del Estado es porque ya sabían que el agredido quería agredirles.

Por cierto, según el Sanchismo, ¿cuál es el límite del término ultra? ¿Infinito? Por el momento, ya lo han ampliado desde Vox al PP, mientras esparcen las sospechas de que todo católico consecuente con su fe es un ultra. Y me temo que también en esto están obteniendo mucho éxito. Es más, la sociedad española parece vivir en la tibieza. Y así, considera que todo católico coherente con su fe es un radical, un fanático, un ultra.