Los cismas y las herejías no son un problema doctrinal o ideológico: son un problema de puñetera soberbia. Lutero es el mejor ejemplo de ello. De los tres votos religiosos, pobreza, castidad y obediencia, sin duda el más exigente es el último. 

Los lefebrianos de la Fraternidad de San Pío X (ya podían utilizar otro nombre, y no el de ese Papa estupendo) ordenaron, finalmente, el miércoles 1, a cuatro obispos. Ergo, no es que nadie les excomulgue, es que están excomulgados. 

Hasta el último momento, el Papa León XIV ha tratado de evitarlo, les ha suplicado que no lo hicieran, pero a ellos les ha importado una higa. Les ocurre lo mismo que a Hans Küng, aquel ídolo de la teología progre, que se negaba a ser Papa para no perder el don de la infabilidad papal.

 

 

Es, insisto, el primer cisma que afronta León XIV, en este caso por parte de los tradicionalistas, que, de entrada, no están más libres del orgullo que los progresistas. Y digo progresistas porque el segundo cisma, no declarado pero sí expuesto e impuesto, es la jerarquía católica alemana. 

Cisma no declarado porque la jerarquía alemana no quiere romper con Roma, sino degradarla. Los cismáticos alemanes pertenecen a la teología de la bragueta, que no tiene nada de profunda pero es tan viscosa como hedionda. 

Los alemanes están poniendo al Papa León entre la espada y la pared, entre la unidad y la verdad, y el pontífice deberá elegir la verdad. Será duro.

Y aún hay un tercer cisma que ya asoma el horizonte: el indigenismo, de raíces hispanas. El indigenismo de la mexicana Claudia Sheinbaum no enaltece la leyenda negra, sino el satanismo que se oculta en tantas de las prácticas de los indígenas con los que en su día terminaron personajes como Hernán Cortés y que apunta al salvajismo: sacrificios humanos, canibalismo, etc. Y encima, pretenden mostrarlo como una identidad cultural y, espiritual y religiosa. No es más que satanismo y odio a la raza humana, el mismo odío que se manifiesta en Occidente a través del aborto, los contraceptivos o la eutanasia. 

Por el momento, el ideal indigenista se queda en la equiparación entre el chamán y el sacerdote y sacramentos y sacramentales con los cultos demoniacos. 

Otrosí: el indigenismo no sólo habita en el Amazonas, como heredero del mundo precolombino: también vive en Occidente: aquí le llamamos ecologismo o emergencia climática. Y como el culpable del asunto es el hombre... atentamos contra el hombre desde su más tierna infancia.

La Fraternidad de San Pío X constituye el primer cisma que afronta el Papa León XIV. Vendrán más y el pontífice actual tendrá que elegir, repito, entre la unidad y la verdad... y deberá elegir la verdad.