
Lo dice la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE), que de estas cosas saben mucho más que el común de los mortales. Por eso, sus advertencias deben ser tenidas muy en cuenta, incluso por los que llevan años practicando Reiki o Yoga sin notar aparentemente nada especial. El diablo siempre está al acecho y no hay que dejarle ninguna rendija abierta, por inocua que parezca a simple vista.
Dicho esto, y ante el aumento de “Salas del Bienestar” en hospitales italianos, cuyo núcleo es la práctica del Reiki, la AIE ha difundido un artículo en el que no deja lugar a dudas. “Quienes practican Reiki caen en el pecado de la superstición y se exponen al poder extraordinario del diablo. Por consiguiente, los católicos deben abstenerse absolutamente de esta y otras técnicas similares”, afirman. Por prácticas similares entiéndase, por ejemplo, el Yoga, más extendido en España e igualmente peligroso.
La palabra Reiki -explican los exorcistas- deriva de la pronunciación de dos caracteres japoneses que describen la energía misma: rei (“la vida después de la muerte” o “espiritual”) y ki (“energía” o “fuerza vital”). “Se presenta a menudo como una “práctica espiritual” utilizada como terapia alternativa (medicina complementaria e integrativa) para el tratamiento de dolencias físicas, emocionales y mentales. Sin embargo, no pueden sustituir los tratamientos médicos tradicionales”, advierte la AIE.
Es más, “numerosos análisis científicos y evaluaciones clínicas han demostrado que no existe evidencia de la eficacia del Reiki en el tratamiento de ninguna patología, ya sea física o mental. Por lo tanto -continúa la AIE- tal como lo establecen las autoridades internacionales de evaluación y control médico y sanitario, el Reiki no puede utilizarse como sustituto de las terapias médicas tradicionales”, argumenta.
En definitiva y volviendo a lo más importante, el Reiki (y el Yoga) implica exponerse al poder extraordinario del diablo, el padre de la mentira y el enemigo número uno de todos y cada uno de los seres humanos. Odia a Dios y odia a los hombres. Y de eso saben mucho los exorcistas.
La AIE completa su artículo con un testimonio que conviene leer directamente, pinchando aquí.









