A la gobernadora de Oregón, Kate Brown, del Partido Demócrata, por supuesto, me la imagino como una progresista solidaria. Lean su última hazaña en el Daily Mail, que cuenta como Brown ha eliminado “la necesidad de que los estudiantes de secundaria demuestren competencia en matemáticas, lectura y escritura para obtener un diploma en un intento por reforzar a los estudiantes de minorías que 'no obtienen buenos resultados'”.

Es otro signo de nuestro tiempo, que camina, entre explosiones de risa argentina, directamente hacia el manicomio. Igualemos a la baja. Al niño, adolescente o joven que se esfuerza considerémosle un prepotente que pretende humillar al vago redomado que no da palo al agua. Premiemos la pereza en lugar del esfuerzo y todo ello en pro de la igualdad y la solidaridad.

La igualdad justa consiste en ofrecer una oportunidad al de abajo para que suba, no en bajar al que está arriba. Eso siempre se ha conocido con el nombre de envidia

Y esta señora, doña Kate, ha llegado a gobernadora del Estado de Oregón. ¡Ahí es nada!

Por cierto, ¿qué es lo que hay que hacer? Lo contrario de Kate Brown, por supuesto. Premiar al esfuerzo y ayudar al que se queda atrás pero exigiéndole. De otra forma estaríamos admitiendo lo inadmisible: que los negros, o cualquier otra minoría, son menos listos que los blancos.

La obra de misericordia consiste en enseñar al que no sabe, no castigar al que ha aprendido

No se trata de una cuestión de inteligencia, entre otras cosas porque no tengo claro qué cosa es la inteligencia.

Lo cristiano son las obras de misericordia: enseñar al que no sabe. Es decir, la igualdad justa, que no el igualitarismo injusto. La igualdad justa consiste en ofrecer una oportunidad al de abajo para que suba, no en bajar al que está arriba. Eso siempre se ha conocido con el nombre de envidia.

Consiste, repito, en enseñar al que no sabe, la vieja obra de misericordia del catecismo.