
Fue Juan Pablo II quien instituyó el domingo siguiente al de Resurrección, segundo domingo de Pascua, como la Fiesta de la Divina Misericordia, "el último don de Dios" para la humanidad en el siglo XX.
Corría el primer cuarto de la anterior centuria cuando una monja semianalfabeta, aunque no escribía nada mal, de familia campesina tirando a paupérrima, Helena Kowalska, alias Faustina Kowalska, recibió este mensaje de Cristo: "Prepararás al mundo para mi última venida".
Mañana se celebra -en la Iglesia católica, que diría Wikipedia- el Domingo de la Divina Misericordia. Quien quiera conocer la historia eclesiástica de la polaca Kowalska (1905-1938) no puede dejar de sorprenderse. No hizo nada raro pero se tiró treinta años proscrita por el Vaticano. Y al revés, en pocos años pasó de clandestina a modelo teológico -ella, que apenas cursó estudios- fundó un movimiento, apenas sin forma jurídica, pero que prendió como un incendio en los cinco continentes. Luego, pasó de clandestina a beatificada, finalmente canonizada, y su compatriota, el polaco Karol Wojtyla, proclamó la única festividad litúrgica novedosa en todo el siglo XX: la Divina Misericordia, con indulgencia plenaria incluida, indulgencia total, de pena y de culpa. Ya saben, este domingo a confesar, comulgar, profesar la pena de nuevo y rezar por el Papa: un nuevo bautismo, un volver a empezar.
Curioso, oficialmente nadie habla de la Segunda Venida de Cristo a la tierra, anunciada en el Evangelio y en los dos credos, pero todo el mundo está convencido de que está próxima... eso sí, cuidado con el calendario de Dios
Esto va con los tiempos modernos, porque resulta que, superado el siglo XX, resulta que Dios tiene prisa.
La verdad es que no me extraña la resistencia de los teólogos vaticanos. La ingente e insuperable obra teológica de la polaca Helena Kowalska se resume en cuatro palabras: "Jesús en Vos confío". Explica Santa Faustina en su diario -su único libro- que lo que más ofende a Dios es que no confiemos en Él. Tiren de esa 'pacífica osadía' y verán a dónde llegan.
Otro sí. Resulta curioso: oficialmente nadie habla -Kowalska sí- de la Segunda Venida de Cristo a la tierra, anunciada en el Evangelio y en los dos credos, pero todo el mundo está convencido de que está próxima... eso sí, cuidado con el calendario de Dios.
La Divina Misericordia no es una devoción, es una cosmovisión de vida, entender lo que siempre ha estado ahí y nunca hemos comprendido. San Juan no lo resume en cuatro palabras, sino en tres: "Dios es amor". Kowalska sólo ha venido a recordarlo, veinte siglos después
La Divina Misericordia no es una devoción, es una cosmovisión de vida, entender lo que siempre ha estado ahí y nunca hemos comprendido. San Juan no lo resume en cuatro palabras, sino en tres: "Dios es amor". Kowalska sólo ha venido a recordarlo, veinte siglos después.
Pero recuerden, los cursis no saben de amor.













