¿Recuerdan que hace unos meses el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dijo esta frase?: “No es que alguien baje a por el pan y al volver encuentre su casa ocupada”. 

A esas declaraciones sumamos a Sánchez y su: la okupación es un bulo, y a la ministra de Vivienda y su célebre: es más fácil que te roben el móvil que te okupen la casa. También a los de Yolandísima, para completar la otra parte de la Ejecutiva. Así, la coordinadora general de SumarLara Hernández, aseguró que los okupas "no existen" y que la inquiokupación es un "relato" que, a su juicio, introduce la ultraderecha en su "batalla cultural".

Pues bien, nos encontramos en Antena 3 con la historia de un propietario vecino de Burceña, en Barakaldo, que sufrió hace un año la muerte de su padre. Desde ese terrible suceso, viaja a Salamanca en diversas ocasiones para desconectar en la casa de unos familiares. 

Esta pasada semana decidió irse unos días a esa casa, volvió el miércoles sobre las ocho de la tarde y se encontró la cerradura cambiada. En el interior pudo escuchar voces. Tuvo que llamar al timbre de su propia casa y una mujer le abrió, descubriendo que una familia con un menor se había apropiado de su propiedad. Estaban desde el sábado okupando su casa. Ellos aseguran que no son okupas, sino que habían alquilado el piso a una tercera persona.

Los vecinos desmienten esta versión, asegurando que vieron como alguien saltó un muro para acceder a la casa por la cocina. El propietario llamó a la policía municipal, que comprobó que era su vivienda habitual. Si el Escudo Social siguiera vigente, los okupas se hubieran quedado, teniendo en cuenta que vivían con menores, pero ahora los agentes pudieron desalojarles y están siendo investigados por un delito de allanamiento de morada. 

La peor parte es que el propietario descubrió que en los días que los okupas había estado en su casa había tirado numerosas cosas a la basura, como los álbumes de fotografías o las cenizas de sus difuntos.