El ser humano no ha sido creado para estudiar a distancia, ni para trabajar a distancia, ni para consumir a distancia... ni tan siquiera para pensar a distancia.

Un ejemplo: el Gobierno Sánchez se guía por tópicos. Lo malo de los tópicos no es que acostumbren a ser falsos o que simplifiquen la realidad hasta deformarla. Lo malo es que en el hombre simple se suelen acumular distintos lugares comunes... contradictorios entre sí.

Ejemplo: Pedro Sánchez, es un hombre simple, por eso, vende digitalización como progreso. Vende, por ejemplo, tele-educación y, al mismo tiempo, vende, por ejemplo, la multiplicación de la formación profesional. Y entonces es cuando rectificar se convierte en urgente y su ministra de Educación, Milagros Tolón, prepara un decreto para que la FP no sea 100 por 100 'on line' porque, ¿cómo puñetas vas a enseñar a manejar un torno por ordenador?

Con el trabajo ocurre algo similar. Recuerdo que el expresidente de Telefónica, José María Álvarez Pallete, se llevaba las manos a la cabeza cuando aseguraba que el teletrabajo había roto la "cultura empresarial". En plata: que el Distrito C, sede central de la operadora, se vació y que, no nos engañemos, la productividad desciende a medida que no le ve la cara al jefe y la indolencia asciende cuando trabajas sin que nadie te achuche con tus fallos.

El teletrabajo es un desastre y la teleeducación otro. Ahora bien, no es el único desastre tele. Ejemplo: la calidad en el servicio ha caído en picado desde que el consumidor no ve el rostro del vendedor, desde que el consumidor no habla con personas sino con máquinas. Me refiero a todo: hablo de la teleasistencia sanitaria, de la operativa con Internet o del frigorífico que he comprado y no funciona.

Con el tele-consumo ocurre lo mismo: planteado con una modo de ahorrar tiempo y dinero, resulta que la insatisfacción por las compras tele, a distancia, se disparan y se ha convertido en el asunto favorito de conversación, de cabreos y de pequeñas o no tas pequeñas estafas.

Además, se ha creado el mundo de los mensajeros, otro subempleo marcado por la explotación laboral y que, además, ha creado un desastre logístico y errores en las entregas.

Hasta aquí la economía y el fraude masivo en el que nos movemos por mor de lo 'tele', de la operativa distancia. Pero ojo, hay algo todavía más preocupante. Lo 'tele' ha provocado un descenso de un factor común esencial: la capacidad de concentración del hombre que, ante una pantalla, se reduce a mínimos.

Por tanto, ahora toca dar marcha atrás: hay que potenciar la presencia física en todos los ámbitos y reducir el uso de pantallas al mínimo. Y cuidado, porque conducir hacia adelante siempre ha resultado mucho más sencillo que hacerlo hacia atrás.