Con multas de entre 400 y 750 euros, el ayuntamiento de Lérida ha decidido prohibir en público ir con niqab o burka. Hace muy requetebién y es muy valiente hacerlo en Lérida o Lleida, la capital de provincia más tomada por los musulmanes, encima especialmente agresivos.

La norma, la lógica, podría resumirse así: usted, en la calle, puede esconder su cuerpo todo lo que quiera, lo que no puede esconder es su identidad. La identidad está en el rostro, principalmente, y por tanto si una mujeres -o un hombre disfrazado- camina por la calle con niqab o con burka, yo no sé quién es. El niqab y el burka constituyen una barrera, no sólo ante la identificación policial sino también en la relación social: ¿Con quién estoy hablando yo?
Bien por el Ayuntamiento de Lérida aunque tiene sus peligros. Por ejemplo, que los ultras progres aseguren que es medida también debería abarcar a las religiosa católicos que visten hábito. Una mentira claro, porque las monjas son perfectamente identificable con hábito, las musulmanas con niqab o con burka no.
Por cierto, a favor de la medida han votado PSOE, Junts y Vox. En contra, PP, ERC y Podemos… curioso, ¿verdad?