Sr. Director:
Resulta más que evidente que la sociedad española ha dejado de ser mayoritariamente católica. Si hasta el año pasado el 52% de españoles se declaraba católico, en el presente año el porcentaje ha bajado hasta el 48%, es decir, ni la mitad de la población de España.
De ese 48%, sólo un 16'2% se declara católico practicante.
Aumenta el número de los no practicantes (el 36%) y se mantiene el número de los practicantes ocasionales.
Según los datos ofrecidos por la CEE en abril de 2026, hubo en España a lo largo del 2025 unas 31.000 bodas por la Iglesia, más de 145.000 bautizos y 155.000 primeras comuniones.
La última encuesta del CIS revela también que el 3'5% de los encuestados es creyente de una religión distinta a la católica, mayormente protestantes, evangélicos y musulmanes.
Este es el panorama en líneas generales.
Los católicos nos hemos de preguntar cómo debemos llevar a cabo una renovada evangelización de nuestra sociedad, porque queremos dar a conocer a Jesucristo y su Evangelio a los hombres y mujeres de hoy.
Es cierto que, desde hace años, todas las diócesis españolas han puesto en marcha nuevos planes de pastoral para fortalecer la fe de los creyentes y para llamar a la fe a los no creyentes y a los indiferentes.
Pero resulta bastante difícil evangelizar en la práctica a los españoles de hoy. Es cierto que, en ocasiones, aparecen grandes eventos que movilizan a miles de personas, por ejemplo la visita del Papa León a nuestro país en junio del presente año. Pero la cosa no debe quedarse ahí. Los españoles católicos de hoy hemos de orar y trabajar todavía más y con mayor empeño para poder llevar adelante la renovación de estructuras caducas que ya no sirven para evangelizar.
La parroquia sigue siendo para la mayoría de católicos el lugar donde se vive y se transmite la fe. Las parroquias han de convertirse verdaderamente en auténticas escuelas de vida cristiana, donde cada uno pueda acercarse para conocer al Señor y para aprender a amarle y darle a conocer a los demás.
Y si el Señor está en el centro de nuestra vida personal y familiar, entonces podremos dar un testimonio creíble en medio de nuestro mundo.
No vale desanimarse, aunque es verdad que hay factores que nos empujan al desánimo.
Es verdad que ha descendido grandemente el número de católicos en España, pero esta realidad debe empujarnos a la conversión personal y comunitaria, porque las gentes ya no se fían sólo de nuestras bellas palabras, sino que nos piden que seamos verdaderos testigos del Señor Jesús, el único Salvador del mundo.
Estamos llamados a evangelizar por medio del testimonio creíble de nuestras vidas.
Aprovechemos la situación de crisis que estamos sufriendo para ofrecer al mundo la propuesta del Evangelio de Jesucristo.
Contando siempre con la gracia de Dios y la intercesión de la Inmaculada.