Todos los fenómenos, incluida la inteligencia artificial (IA), los desarrollan personas. Si quieres juzgar un fenómeno, y la IA constituye una de los grandes fenómenos de nuestro tiempo, no viene mal reparar en aquello que mueve a sus creadores. Por ejemplo, en qué creen, cuál es su cosmovisión y, por tanto, su sentido de la vida. Hagámoslo de la mano de la interesante página Religionstars.

Veamos lo que dice de Antropic, es decir, sobre el promotor de la empresa que ‘fábrica’ el asistente Claude. Su fundador es Dario Amodei, hijo de un italoamericano y de una judía estadounidense. El pueblo judío, perseguido durante 2.000 años, ha sufrido la plaga de las violaciones. Por esa razón, entre los hebreos, la madre es mucho más relevante que el padre en cuestiones de identidad y de educación.

Al final, resulta que el fundador de Antropic, a punto de salir a bolsa por un valor que intenta acercarse al billón de euros, es un judío no practicante. Religionstars identifica a Amodei como un miembro no caracterizado del judaísmo secular, aunque él se resiste a definirse de tal guisa. Eso sí, asegura que distingue entre el bien y el mal, lo que no me parece mucho.

Paréntesis: en el mundo sólo hay 15 millones de judíos pero la mayoría de ellos no practican el judaísmo. Su identidad es más étnica que religiosa. Lo que no deja de ser curioso porque muchos israelitas a quien nadie niega la condición de hebreos, tiene tanta genética judía como yo. Una diáspora de 20 siglos acaba con las identidades genéticas y, por tanto étnicas.

A lo más que ha llegado Adonai es a soltar aquello de que “mis padres me enseñaron a distinguir entre el bien y el mal”. No es mucho, ¿verdad? Sobre todo no dice si le enseñaron a distinguir entre lo que es verdad y lo que es mentira. Hablo de la verdad, que es una cuestión, no de la sinceridad, que es una virtud. En plata, que me quedo sin saber en qué cree el poderoso Adonai, señor de Antropic.

El otro ‘dueño’ de la IA es Sam Altman. el chico de la aún más popular ChapGPT. ¿Cuál es su credo? Pues él se identifica como judío, es judío de raza y de religión. Ahora bien, enseguida nos cuenta que, aunque es un tradicional desde el punto de vista cultural, no tiene claro el concepto de Dios ni el de moral absoluta.

Pues veras. Sam, campeón, los judíos creen en Dios, creador del universo, y en una moral que fue expresada por ese gran moralista que fue Moisés, quien certificó lo que estaba bien y lo que estaba mal.

Otra cosa, más: si Dios no es un ser, no es dios ni es nada, es panteísmo o cualquier otra mentecatez, pero no Dios. Y si la moral no es absoluta pues resulta que no es moral.

Los más listos de la clase han sido, una vez más, Larry Page y Serguéi Brin, los dos fundadores de Google

Quiero decir que su Gemini no ha nacido como IA, sino como un multiplicador-IA de su buscador Google, que es lo que les ha convertido en los más ricos del barrio y, ahora mismo, en los más poderosos y peligrosos del mundo.

Vamos con Larry Page: ascendencia judía también por parte de madre, no se considera creyente y repite que ha recibido una educación laica. Yo también, don Larry y, sin embargo, confío en Cristo.

Serguéi Brin, su compañero de Google, nació en Moscú, en el seno de una familia judía pero no creyente. Para él, el judaísmo es una opción étnica y cultural. Otro que olvida que cultural y cultual tiene la misma raíz etimológica y que ambas significan cultivar o cuidar.

A esto pueden añadir que Mark Zuckerberg, que también anda metido en IA, el creador de Facebook, así como dueño de Instagram y WhatsApp (a este chico lo que crea le va mal pero lo que compra le va muy bien), también es judío. 

Eso sí, ninguno de los nuevos tecno-oligarcas (me encanta este ‘palabro’, el favorito de Pedro Sánchez) alcanza la cristofobia militante de Alex Soros, el sustituto de papá George, pero el grupo Soros y la Open Society, la sociedad más opaca de todas, no ha descubierto ninguna aplicación IA. se dedica la especulación financiera. 

En fin, que la IA es cosa de ateos, agnósticos y otras contradicciones varias. Que sean judíos no me importa lo más mínimo, incluso me gusta. Los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe. Me preocuparía más que fueran sionistas pero, por el momento, no han sacado esa patita. Ahora bien, ¿me preocupa que sean ateos? Por supuesto que sí. Por ejemplo, la IA puede convertirse en el lápiz rojo que censure la evangelización... por supuesto que sí. Y la verdad: conozco pocos ateos que no se hayan convertidos en anti-teos.

Ahora bien, tampoco nos asustemos. La IA es poderosísima pero inane, si sabemos manejarla. Por ahora, su principal utilidad, y es mucha, es la de haberse convertido en la mejor fuente de documentación del universo, la mejor biblioteca en tiempos de saturación informativa, que es lo que caracteriza a esta sociedad. Y eso es preciosísimo, sin duda, pero no es inteligencia. Inteligencia sólo es la de los seres humanos creados por Dios.

Ahora bien, lo que hemos repetido siempre en Hispanidad: si es artificial no es inteligente, y si es inteligente no puede ser artificial porque el único ser inteligente es el Creador y, por delegación, el ser humano creado, no una máquina, ni un programa informático. Ahora bien eso no significa que la IA no sea poderosa, lo es, y mucho. Multiplica la memoria y la capacidad de análisis de un ser humano y, por tanto, al igual que ocurre con las armas y con los avances científicos, el peligro no está el IA sino en la utilización que un ser humano, un poquito cabrón, pueda hacer de la IA contra otro ser humano.

¿Y eso me da miedo? Sí, eso sí me da miedo. La IA, por sí misma, ninguno.

¡Ah! y también me preocupa la precitada especulación, compañera inseparable, siempre, de la ciencia y la tecnología. Las siete magníficas han trastocado los mercados financieros de la noche a la mañana, juntas valen tanto como el PIB de muchos países. 

Y esa especulación provoca paro, riqueza para unos pocos y pobreza para muchos.

Cuando la IA se muestre como lo que es, un instrumento de documentación de primer orden, cuando, en definitiva, se haya ‘normalizado’ -esperemos que se normalice antes de su utilización bélica, es decir, que esté en manos de  todos y no de un agresor aventajado, la burbuja estallará y las siete magníficas no valdrán lo que valen hoy.  

Pero el materialismo práctico de los creadores de la IA me produce más inquietud. Por lo demás, la IA será una invento más que multiplicará de nuevo la saturación informativa en que el mundo ha vivido desde el año 2000 y precisará mucha más energía. Por lo demás, todo en orden.