Este fin de semana pasado no es que Ceuta haya ardido: es que arde más y peor. El Gobierno empeñado en que esto no es una invasión sino una crisis humanitaria, va de tropezón en tropezón... mientras continúa suplicando a nuestro secuestrador, Mohamed VI de Marruecos, el culpable de lo que ocurre, que no lance otra invasión masiva, con la utilización cobardica de civiles -mujeres y niños también- como balas humanas contra España. Pero si la lanza ya no habrá remedio posible.

Los datos: en la madrugada del domingo, como si tuviera que esconderse, la policía española traslada a 900 invasores desde las calles y desde las playas tomadas de Ceuta, hasta un campo de refugiados hecho con tiendas de campaña y con capacidad para 1.000 personas.

Tendrán que hacer muchos más y, además, que estén allí no impedirá que salgan por las calles de Ceuta y continúen sembrando el terror entre los vecinos, que se ven obligados a defenderse por su cuenta.

Pues bien, por la tarde, muchos de ellos -no les gustó el alojamiento que les habían preparado- se volvieron a su chabola o las calles, donde son más libres para ejercer de emprendedores .

Manifestación por las niñas y las mujeres ceutíes: no se sienten seguras. ¿Ven cómo esto es una guerra de religión?

Mientras, el ministro masoncete, responsable del Mando Único de Ceuta, Ángel Víctor Torres, nos cuenta que el marroquí que no tenga derecho a quedarse, oiga, será expulsado. Pero, ministro, si ninguno tiene derecho a quedarse porque ya cometió el delito de violar una frontera.

Por lo demás, la actitud dolosa de Torres y del Gobierno está quedando en evidencia: no pueden expulsar en caliente porque no lo permite la ley... pero en ningún momento hablan de modificar esa ley y esos tratados internacionales que les obligan a esta actitud homicida contra la población ceutí.

Conclusión: el Gobierno Sánchez ha perdido definitivamente el control de Ceuta pero se niega a aceptar lo que está muy claro, que debe emplear la fuerza y romper con el único culpable: Marruecos.

Así, por la mañana el Ejecutivo traslada a casi 900 inmigrantes ilegales a un campo de refugiados y, por la tarde, muchos ya se han vuelto a la playa.

Tampoco se entiende la actitud de Pedro Sánchez: lo que está haciendo en Ceuta puede ser su tumba política, Entonces, ¿por qué lo hace?

Violencia en las calles. Ceuta en dos testimonios: "Se matan entre ellos" y, una mujer: "Nos acosan, no se puede vivir así". Y al panadero que empezó a darles pan, le han asaltado la tienda

La última manifestación de los ceutíes es por las niñas y las mujeres ceutíes: no se sienten seguras. ¿Ven cómo esto es una guerra de religión? El desprecio que el Islam siente por la mujer sólo es aceptado por las necias feministas españolas, que encima defienden al depredador musulmán.

Resumiendo: entre Mojamé y Sánchez han conseguido que Ceuta se convierta en una crónica de orden público. En las calles de la plaza española en África reina la violencia. Dos frases, de un caballa y una caballa, lo resumen muy bien. El ceutí dijo: "Se matan entre ellos". La ceutí aseguró: "Nos acosan, no se puede vivir así".

Pero Sánchez convive con esta gran mentira, probablemente la mayor de sus ocho años largos de mandato, marcados por la mentira continuada. La verdad es que no se entiende.

Con todo, el testimonio más desolador es el del panadero que empezó a repartir pan gratuitamente entre una masa de invasores hambrientos. Lo cual resulta muy loable... pero resultó que esos que "vienen buscando una vida mejor" -Sánchez dixit- asaltaron y saquearon la panadería del panadero generoso.

Es lo que se llama morder la mano que te da de comer.