Me temo que no voy a tener mucho éxito si reivindico que la Ascensión y el Corpus Christi vuelvan a celebrarse en jueves y no en domingo. Últimamente, percibo que no tengo mucha influencia en el cuerpo episcopal. ¡Ellos se lo pierden!    

En todo caso, el regreso de Jesucristo a los Cielos -tras su primera venida, queda la segunda- cobra especial relevancia por los dos mensajes de su despedida.

El primero, el más evidente, es esa promesa formidable: "Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo". Es la frase que acompaña a la humanidad y le ha consolado a lo largo de la historia.  

Pero la segunda frase de la Ascensión, no menos importante que ésta, casi continuidad de ésta, parece menos recordada, a pesar de que aparece en otras ocasiones en el Evangelio. A saber: el que crea se salvará, el que no crea ya está juzgado, o sea, condenado.

Si hacemos una encuesta, estoy seguro de que, a un 99% de los encuestados, creyentes o no, la proposición les parecerá injusta. La creencia general es que como la fe es un don si nadie me lo dona yo no puedo creer... y no es culpa mía. 

Y, sin embargo, Jesucristo afirma lo contrario: el que no cree en Mí... al infierno de cabeza. Así que, si Cristo es Dios, y lo es, resulta que a cada hombre se le posibilita la gracia necesaria para creer. Dicho de otra forma: el ateo es culpable, el agnóstico, también.