Sr. Director:
He leído con atención su artículo intitulado México se apunta al progresismo de derechas. En general he seguido con interés los puntos de vista que en Hispanidad se han vertido a propósito del caso Honduras. Me gustaría compartir una breve opinión al respecto.

Es posible que la condena al golpe de Estado en Honduras sea una postura justa por parte del resto de los gobiernos latinoamericanos si tomamos en cuenta que reconocer a Micheletti sería tanto como validar una vía no institucional para acceder al poder.

Si se reconociese a Micheletti como mandatario legítimo se estaría legitimando la vía violenta para acceder al poder en un continente que cuenta en su historia muchos episodios trágicos de este tipo.

Hacer del subcontinente un ámbito de legalidad e institucionalidad ha resultado un camino tortuoso. Reconocer la vía que ha llevado al poder a Micheletti sería un retroceso.

Como ve usted, el problema va más allá de la buena voluntad o de la honorabilidad de un hombre. No es el tema de fondo. Por eso Calderón y el resto de mandatarios que han reconocido a Zelaya como presidente legítimo, creo que en el fondo no apoyan a un hombre, sino la institucionalidad.

Por lo demás, coincido con usted en que ahora la única posibilidad que Micheletti tiene es llamar a elecciones; aunque ciertamente, ante su aislamiento internacional, Zelaya está en una postura políticamente cómoda, incluso para rechazar esta vía.

Arturo Tapia

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