Debemos condolernos con la preocupación -sincera, muy sincera- del diario El País con el hecho de que siete ayudantes del obispo saliente de San Sebastián, monseñor Juan María Uriarte, que llevaban trabajando 10 años con él, hayan presentado su dimisión al obispo entrante, el tal José Ignacio Munilla.

Los desvelos de Janli Cebrián por la estabilidad de la diócesis de San Sebastián enternecen los viejos corazones.

Por contra, gente menos institucional, como yo mismo, consideramos que las siete dimisiones constituyen una oportunidad de oro para aplicar el sabio principio político que guía a nuestros líderes: Nunca presentes la dimisión, pues corres el riesgo de que te la acepten. Además, el antecesor de Munilla, monseñor Uriarte, mostró un inusual desvelo por la unidad diocesana, por lo que lo más lógico es que sus colaboradores se mantengan fuertemente unidos fuera del palacio episcopal. Es lo suyo.

El obispo Munilla ha quitado importancia en la cadena COPE a estas dimisiones, habituales cuando un nuevo prelado toma posesión. Cierto, son dimisiones habituales, que penden de la interesante costumbre de poner el cargo a disposición del nuevo obispo. Cosa distinta es filtrarlo a los medios, una actitud menos consuetudinaria.

Al parecer, a monseñor Munilla le parecen mucho más importantes otras dos afirmaciones que ha hecho en la cadena COPE. Con la primera asegura que la Iglesia no debe cambiar para obtener aplausos. Interesante afirmación que El País consideraría muy poco democrática y peligrosa, como creo haber dicho antes, para la estabilidad de la diócesis.

La segunda es más concreta y probablemente más pertinente. Asegura Munilla en la misma cadena que los políticos que voten a favor del aborto no deben comulgar. Lo digo porque días atrás, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, retó a la Iglesia: confesó haber comulgado tras votar a favor de la ley del aborto y exigió a la Iglesia que no se metiera en política. Es decir, que se meta debajo de la mesa. A lo mejor ha llegado el momento de pasar de lo general a lo particular. Esto es, de decir que los políticos -también los del Partido Popular- que apoyan el aborto no deben comulgar a prohibirles la comunión a los políticos que votan y promueven el aborto. Que no es lo mismo Lionel.

Pero la perla final es la más cultivada. José Bono -ya conocido en media España como el bono convertible- ha asegurado, cariacontecido, con profunda compunción cristiana que Munilla le parece extremadamente conservador y muy de derechas. Si ya lo decía yo. Por lo demás, Bono nos ha aclarado que soy un pecador y aspiro a seguir las contemplaciones evangélicas, por lo que defiende la religión del amor, no la inquisición. ¡Pero qué tío más cursi!

Eulogio López

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