De Alan García uno sólo puede esperar  posibilismo, que no es poco. Don Alan es un modelo Felipe González, un tipo criado en el socialismo marxista que pronto se dio cuenta de que la felicidad del hombre estriba en disponer de frigorífico, a ser posible lleno y un automóvil con el que huir hacia los grandes espacios abiertos, por ejemplo, la discoteca más próxima. García está convencido de que la revolución chavista es una estupidez propia de quien no aprende del pasado, pero también sabe que la mejor política internacional es la del canciller Moratinos: si cedes siempre, nunca tendrás conflictos. Tampoco principios, pero eso tampoco es tan importante.

No, no me ha extrañado el apoyo de Alan García al golpista político hondureño, Mel Zelaya. Lo que sí me ha extrañado, y desilusionado profundamente, es la actitud del mexicano Felipe Calderón, un presidente que empieza a engrosar la nómina de políticos progresistas, es decir, los que no creen en otra cosa que en el triunfo sobre el adversario. Reconozco que tenía depositadas muchas esperanzas en él. Creía que iba a ser el hombre que abriría la puerta que dejó entreabierta, sólo eso, Vicente Fox. Pero no ha sido así.

Escuchar a Calderón decir que no aceptará los resultados de las elecciones en Honduras, mientras el sinvergüenza de Zelaya, el que quería utilizar las elecciones en su beneficio y contra toda ley, no recupere la Presidencia es como para rasgarse algo, no sé si carnes o vestiduras. Calderón está convirtiendo al PAN en una especie de PP, un partido progre de derecha pagana.

Si lo pensamos bien tiene algo de lógico. México, especialmente el Distrito Federal, es la ciudad más violenta de toda Iberoamérica, donde la vida tiene escaso valor. Hasta ahora, eso sí, se protegía al débil pero ahora México parece encaminado a sumarse a la corriente abortera. Sé que esto no es obra del PAN, sino del PRD y de sectores del PRI, pero no parece que el partido de Calderón esté dispuesto a luchar por la vida más inocente y más indefensa. De hecho, lo que aparenta es que el PAN está engrosando la repugnante lista de la Internacional Progresista de Derechas (IPD, para los amantes de las siglas).

Asegurar que México no respetará los resultados electorales de Honduras supone convertir a Mel Zelaya en el Chávez de Tegucigalpa. Mis alusiones al NOM, al Nuevo Orden Mundial, magma equivoco, lo sé, provoca muchos correos de lectores de Hispanidad que me piden que defina qué es el NOM. Pues insisto de nuevo: El NOM no es más que aborto y capitalismo. Violación del derecho a la vida y capitalismo a ultranza. Lo mismo me da que sea el capitalismo financiero de Wall Street, basado en la especulación de los mercados que capitalismo de Estado tipo Hugo Chávez, que monopoliza el petróleo y lo utiliza como arma arrojadiza y como chantaje al adversario. Chávez puede presumir de socialismo, pero no realiza la revolución en las calles: primero toma el poder y luego toma las calles. Y, para exportar su capitalismo de Estado, financia desestabilizaciones, como la de Mel Zelaya.

Insisto en que, a pesar de la soledad, Micheletti debe aguantar la presión. Debe convocar elecciones libres. Sé que es difícil, pero es el único camino posible. Y no sólo eso: Honduras debe convertirse en la piedra de toque para la condición sine qua non de la democracia en el siglo XXI: la limitación de mandatos en el poder. Sin esa limitación, tampoco habrá democracia. Por ejemplo, en España.

Eulogio López

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