Las leyes no se distinguen en nada de las leyes físicas: cuando se violan te la pegas. Puedes violar la ley de la gravedad pero no te lo aconsejo: el leñazo es seguro.

Puedes profanar las leyes de la pureza y la decencia -me encanta esta palabra: su simple cita hace que la progresía se revuelva como ante una mala digestión- pero la acabas pagando... tal y como nos explica Noticias Globales. La silenciosa epidemia de enfermedades sexuales, producto de la promiscuidad sexual que nos venden desde el poder y desde su principal correa de transmisión: la tele, está cundiendo en todo el mundo. En paralelo, la batalla contra la paternidad, el espíritu de anticoncepción está degenerando en impotencia. Se empieza por no querer tener hijos y luego resulta que no puedes. Y el sujeto de la frase anterior no tiene por qué ser él o ella, puede ser toda una sociedad en su conjunto. Ese es el problema de ser una raza, que pagan justos por pecadores o, al menos, todos por algunos. No es ningún secreto que la esterilidad cunde en todo Occidente. Como diría el maestro Campmany, esta sociedad anda con el "semen desmayado".   

Eulogio López

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