No hemos aprendido nada de la crisis y, encima, el Gobierno confunde los ataques de los especuladores con su propio desprestigio. Tras el error de la ayuda a la deuda griega, la tormenta se acerca a España. La especulación no se persigue con el Código penal, sino con impuestos

Ha sido la semana del desastre bursátil y de la aprobación de la ayuda a Grecia. Lo primero no es un desastre, lo segundo sí. La caída de las cotizaciones perjudica a quien fía todo su ahorro a la Bolsa y, además, puede facilitar el resurgir del mercado primario de hecho, a las empresas que han emitido deuda no les ha ido nada mal-, que es la parte no especulativa de las bolsas, aquélla que colabora con la economía real y crea puestos de trabajo. Por tanto, un adelgazamiento de la exuberancia irracional de los mercados no viene nada mal.

Lo malo es lo segundo, por dos razones. El plan de ayuda a Grecia por valor de 110.000 millones de euros no apoya a Grecia sino a la deuda griega, que es muy distinto. La Unión Europea se ha hecho con dinero dinero, no préstamos- de los países ricos a los pobres a través de un presupuesto común y de unos fondos comunes. Ahora no hacemos donaciones sino préstamos, con el correspondiente interés. Por esa razón los padres fundadores de la UE, Schuman, De Gasperi, Adenauer y compañía, querían hacer un país y lo que nos ha salido a los europeos del siglo XXI es una sociedad anónima.

Y el plan de ayuda a Grecia aprobado esta semana triste, primera del mes de mayo, es mala por otra cuestión: no ayuda a España, al contrario: ahora los especuladores cargaran contra su nueva pieza, se irán de España, nos forzarán a pagar más por su deuda, sabedores de que Europa y el FMI tendrán que ayudarla, no para que no caiga España, sino para que España pueda seguir abonando los intereses a lo que se ha comprometido con eso especuladores, perdón, con esos mercados financieros.

No, en 2007-08 teníamos que dejar que quebraran los bancos de inversión norteamericanos, los más especulativos y ahora lo suyo era ayudar a los griegos de forma directa y si es necesario que quebrara su deuda. Lo que hemos hecho con el plan de ayuda es quitarle impedimentos a la bola de nieve para que continúe ladera bajo, en lugar de interponerle obstáculos para que estalle y se desmenuce.  

Por lo demás, no hemos aprendido nada de la crisis. Los jefes de Gobierno europeos han vuelto a meter la pata y santificado los planes de ayuda. Es decir, que tenemos especulación financiera para rato.

Otrosí. Durante más de 30 meses de crisis ha estado prohibido citar la palabra especulación. Ahora resulta que es la favorita de Chaves, de De la Vega y Zapatero y ninguno de los tres saben lo que significa, oiga usted. Lo más cachondeable ha sido la intervención de la vicepresidenta primera, inefable Fernández de la Vega, demostración viva de que la ignorancia es lo más atrevido que hay. Luego vino el otrora inefable, hoy ya inclasificable, cacique andaluz, Manuel Chaves, a la sazón vicepresidente tercero, con sonora afirmación que el plan de ayuda a Grecia: la ayuda a Grecia no es solidaridad, sino una forma de pararle los pies a los especuladores. Y buenísimo lo del fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido, al que hace coro otra ignorante ancestral, la vicepresidenta del Gobierno: perseguir la especulación con el código penal. Señora vicepresidenta, señor fiscal general del Estado: la especulación financiera no se persigue con el código penal porque no es un delito, es pura codicia. La especulación sólo se persigue con impuestos. 

Aclaremos algo: el que ZP, De la Vega y Manolo Chaves acusen a los especuladores sin saber de qué están hablando, no significa que la especulación no exista. España es ya uno de los pocos países donde no se pronuncia la palabra y no se identifica esta codicia financiera como la causante de la actual crisis.

Y eso que España, esto es verdad, no es un país especulativo: su pecado es el sobreendeudamiento, el famoso apalancamiento. Pues bien, como parece difícil salir del euro una vez está dentro aunque nunca debimos entrar- ahora sólo nos queda continuar apretándonos el cinturón, trabajar más y espera que el insensato que tenemos como presidente del Gobierno insensato en materia económica, en otras materias es algo peor, es un resentido- se decida a apretarle el cinturón al sector público, aunque ello le haga perder votos.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com